286  FILOSOFÍA HERMÉTICA  I —


TEORÍA Y SÍMBOLOS DE LA FILOSOFÍA HERMÉTICA

Autor:  OSWALD WIRTH


CAPÍTULO I : INTRODUCCIÓN


     Al no lograr trascender el ámbito de la observación experimental, hemos dejado de comprender a los autores antiguos que basaron sus teorías en las leyes racionales de toda la existencia. Sus teorías sobre la Naturaleza y el secreto de su funcionamiento nos parecen vanas puerilidades; así, la Filosofía Hermética no es, a nuestros ojos, más que un cúmulo de fantasías, del mismo modo que la Alquimia parece relegada definitivamente al olvido.

     Pero una causa en particular ha motivado, sobre todo, el descrédito que aflige a las doctrinas en boga durante la Edad Media y hasta el siglo XVIII: hemos perdido la clave del lenguaje con el que se expresaban. Nuestra forma de hablar es completamente diferente hoy en día. Antes, descuidábamos nuestra pretensión de usar términos rigurosamente precisos: las aproximaciones se consideraban suficientes, pues la verdad pura es inevitablemente inefable. El ideal de la Verdad no puede limitarse a ninguna fórmula. Por consiguiente, en cierto modo, toda palabra es una mentira, puesto que solo expresa imperfectamente la idea que pretende transmitir. La intimidad del pensamiento, su espíritu fundamental, es esquiva; es una divinidad que constantemente se nos escapa y que, a lo sumo, solo ocasionalmente se deja reflejar en imágenes. Como Moisés, a quien Yahvé solo pudo revelarse de espaldas.

     Por lo tanto, el lenguaje figurado ha tenido que emplearse siempre que ha sido necesario dar forma a nociones trascendentes. Yo mismo no puedo evitar recurrir a alegorías y símbolos. No es un capricho mío, pues no tengo otros medios para hacerme entender. El pensamiento puro se nos presenta velado; pero su velo es transparente para quienes saben discernir.

     El hermetismo está dirigido a pensadores a quienes una vocación innata impulsa a profundizar en todo. Las leyes universales de la generación, la preservación y la transformación de los seres solo pueden representarse mediante diagramas cuyo alcance una mente superficial no puede comprender. Así, las enseñanzas de los sabios permanecen ininteligibles para quienes se limitan al significado superficial de las palabras; pero corresponde a cada individuo iniciarse, inspirándose en los tres dichos del Evangelio:

    • Pedid la Luz y la recibiréis;

    • Buscad la Verdad y la hallaréis;

    • Llamad a la puerta del Templo y se os abrirá.

      

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