269 CUANDO UN MASÓN SE VA  —


Cuando un masón dimite (pide la Plancha de Quite) porque no puede ser amigo de todos sus hermanos, puede que aún no comprenda que la hermandad no requiere igualdad emocional, sino un espacio común del espíritu, donde cada uno camina a su propio ritmo bajo un mismo espacio simbólico. La conexión no requiere similitud, sino armonía.

Cuando un masón dimite por una palabra que le hiere, es posible que aún no comprenda que la formación no se puede refinar sin fricciones. La piedra se mejora no evitando el ataque sino aprendiendo a recibirlo. En la jerarquía, la sensibilidad se convierte en tolerancia y el orgullo en silencio interior.

Cuando un masón dimite por razones materiales, es posible que aún no comprenda que la Logia es un reflejo del mundo exterior: diverso, desigual y humano. Cada contribución no se mide por el valor, sino por el deseo de pertenecer a un círculo donde cada individuo aporta según su capacidad y recibe según su conciencia.

Cuando un constructor renunció porque esperaba que el Salón de Asambleas fuera un proyecto terminado, es posible que no entendiera que la estructura aún estaba en construcción. La masonería no une a santos sino a trabajadores; No busca la perfección inmediata, sino el progreso continuo: la Masonería es progresiva. Un error no es una caída, sino la materia prima para el trabajo interior. 

Cuando un masón dimite porque otro no camina como esperaba, puede olvidar que cada hermano corta su piedra desde un ángulo diferente. La paciencia también es una herramienta, y el amor fraternal es el cemento invisible que mantiene unido el edificio.

Cuando un masón dimite porque no ha alcanzado una determinada posición, puede que no comprenda que en el código masónico nadie es ascendido: profundiza. El verdadero nivel se alcanza en el servicio silencioso, donde el yo se extingue y la luz se vuelve inmanente. 

Cuando un masón dimitió por falta de aviso, puede que no haya comprendido que el conocimiento no sigue al viajero: espera a que alguien lo busque. En la senda hacia la iniciación, quien pregunta avanza; quien espera, se detiene.

Conclusión final: 

  • Porque la Masonería no es un lugar al que vamos, sino que es el camino que emprendemos.
  • Con frecuencia, la renuncia no es desertar de una Logia... sino una renuncia al trabajo interior.


AUTOR:  Desconocido  —  2015  (e. v.)


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