262 EL MAZO —
Las herramientas asociadas al aprendiz en la Masonería son tres: el mazo, el cincel y la palanca. Es pertinente abordar los tres en conjunto, ya que la acción de uno afecta a la función de los otros de manera inevitable.
La labor efectiva se lleva a cabo mediante el uso de todas las herramientas, y el primer talento que debe poseer un constructor se evidencia en la capacidad de seleccionar la herramienta adecuada en el instante preciso. Sin embargo, al referirnos al nivel de Aprendiz, considero apropiado examinar cada herramienta de forma independiente, dado que el Aprendiz necesita inicialmente familiarizarse con ellas y aprender a utilizarlas con exactitud y relevancia.
Algunos miembros de la Masonería asignan al mazo la cualidad de la Perseverancia, mientras que otros le atribuyen la de Templanza, y es probable que usted tenga otra interpretación simbólica del Mazo. No conviene entrar en el debate innecesario sobre estas diferencias en las definiciones, ya que rápidamente nos percatamos de que ambas virtudes coexisten en el mismo símbolo.
El Mazo se define como una herramienta, es decir, un objeto fabricado que se emplea para modificar la materia, para ejecutar un trabajo. . . Al utilizar un Mazo, es necesario ejercer una fuerza cierta con el brazo, aunque no cualquier fuerza es adecuada: la naturaleza del trabajo que se pretende realizar determinará el tipo de fuerza requerida. Por lo tanto, el grado de esta fuerza será nuestra primera responsabilidad al utilizar el MAZO. Al mismo tiempo, el uso de esta herramienta depende de nuestra intención de trabajar, es decir, del objetivo que nos hemos propuesto y del plan de trabajo que hemos establecido de antemano. Este mismo plan nos orientará en la elección del material, y este nos ofrecerá indicaciones valiosas respecto a la calidad de nuestra acción: deberá ser más o menos precisa, más o menos intensa, demandará toda nuestra atención para intervenir y avivará nuestra capacidad de ser perceptivos.
La masonería nos presenta una herramienta que puede emplearse para construir o para destruir.
El instrumento con el que se dice que el Maestro Hiram Abiff fue asesinado es el Mazo. Según la leyenda masónica, Hiram Abiff fue muerto por tres compañeros de trabajo que deseaban obtener los secretos de la construcción del Templo de Salomón. Estos compañeros, conocidos como Jubelas, Jubelos y Jubelum, atacaron a Hiram Abiff con distintas herramientas, y finalmente lo asesinaron con un golpe de Mazo en la cabeza. La muerte de Hiram Abiff es un tema central en la simbología masónica y se utiliza para impartir enseñanzas sobre la importancia de la fidelidad, la lealtad y la defensa de los secretos, el Mazo utilizado incorrectamente, y en tal situación, este instrumento puede representar la brutalidad o la agresividad. Se puede considerar como un emblema de la confrontación entre el bien y el mal, así como de la relevancia de la fidelidad y la lealtad en la búsqueda de la verdad y la justicia. No obstante, es crucial señalar que la interpretación y el simbolismo de estos eventos pueden diferir según la perspectiva y la tradición.
El Mazo constituye una herramienta esencial en la Masonería, cuyo significado trasciende su papel práctico como utensilio de construcción. En el contexto masónico, el mazo simboliza la energía y la fuerza creativa empleadas para moldear y estructurar ideas y proyectos. Desde una perspectiva esotérica, el Mazo puede ser interpretado como un símbolo de la determinación y la voluntad necesarias para concretar nuestras aspiraciones. Representa la capacidad de actuar y de dar forma a nuestros anhelos y visiones.
Este instrumento, conocido como mallete, es frecuentemente visto como un emblema del poder y la autoridad del Venerable Maestro, quien lo utiliza para guiar a los hermanos en su búsqueda de sabiduría y verdad. El Mazo también puede ser considerado un símbolo de la relación entre el ámbito material y el espiritual. En este contexto, representa la habilidad de traducir conceptos e ideas espirituales a una forma estructurada en el mundo tangible.
Dentro de la masonería, el mazo se vincula comúnmente al grado de Aprendiz, donde se enfatiza la relevancia de la disciplina y el compromiso en la búsqueda de la verdad y la sabiduría. Este objeto sirve como un recordatorio constante de la importancia de trabajar con dedicación y constancia para lograr nuestras metas.
El Mazo es una herramienta tanto poderosa como simbólica en la Masonería, simbolizando la fuerza, la voluntad y la determinación requeridas para materializar nuestros objetivos. Su significado esotérico nos recuerda la relevancia de la disciplina y el compromiso en la búsqueda de la verdad y la sabiduría.
Al unirse a la Logia Masónica, el Aprendiz llevó a cabo un acto de Voluntad. Esta Voluntad es fundamental para refinar la acción durante su desarrollo intelectual y espiritual, en el proceso de purificación personal que implica un trabajo profundo y global sobre sí mismo.
El deseo no es algo sencillo, ya que para satisfacer nuestras propias aspiraciones es necesario hacerlo sin perjudicar a los demás, sin ejercer control sobre quienes nos rodean, evitando la demagogia y el autoritarismo potencialmente dañino. Así, nos percatamos de que este Conocimiento se adquiere a través de una serie de Deberes que moldearán nuestra personalidad y perfeccionarán nuestra percepción del entorno. En esta ocasión, nos encontramos ante el riesgo de la Voluntad, un riesgo que se representa adecuadamente por la carga del Mazo: una voluntad desmedida, infracción de límites, exceso o incluso una voluntad inconstante, asociada a los impulsos momentáneos.
Por todo esto, es posible delimitar con mayor precisión el simbolismo del Mazo: cuando actuamos por capricho, sin reflexión previa, nos transformamos en víctimas, a veces en marionetas, de emociones transitorias, de vanidad, de pasión. Un acercamiento iniciático no puede llevarse a cabo acorde a la buena voluntad del momento; es indispensable la tenacidad, sin la cual ningún proyecto es viable, y sin un plan, no edificamos, sino que nos dejamos dominar por las imágenes ilusorias de nuestra mente imaginativa.
No obstante, perseverar no implica continuar con proyectos inviables, como los anhelos de ciertos iniciados, quienes suelen estar más centrados en la añoranza de un pasado superado que en la búsqueda de las enseñanzas de ese mismo pasado para forjar el futuro. La perseverancia debe ir de la mano con la templanza, para que la sensibilidad intuitiva de cada individuo sea regulada por la razón, de modo que el conocimiento que proviene de nuestros sentidos pueda ser interpretado y organizado por el razonamiento lógico del cerebro.
La templanza, simbolizada por el Mazo, se expresa en diversos aspectos:
- La continencia, que implica optar por no seguir ciegamente los impulsos violentos de la pasión.
- La clemencia, que consiste en moderar o regular, de acuerdo con la virtud de la Caridad, la forma correctiva del daño causado por otros, y que la virtud de la Justicia demanda que sea ajustado o expiado de manera más justa, lo cual es inevitablemente necesario.
- La dulzura, que implica frenar el impulso interno de la pasión en favor de la equidad, que en dicho contexto ya no sería más que ira.
- La modestia, que se refiere a la limitación, moderación o regulación de los aspectos afectivos en aquellas cosas menos complejas que las mencionadas anteriormente, como el deseo de la propia excelencia, el anhelo de conocer lo que no es de utilidad inmediata o lo que más tarde puede resultar irrelevante para nuestra vida masónica y espiritual, así como las acciones y comportamientos externos de nuestro cuerpo físico y, finalmente, la conducta externa respecto a la manera de actuar o vestirse y adornarse.
La tolerancia, que implica respetar las opiniones y creencias ajenas tal y como uno desearía que las suyas fueran respetadas.
Sin embargo, es evidente que la Tolerancia no puede ser aplicada a quienes desean arruinarla. No hay Libertad para aquellos que buscan sofocarla.
El liberalismo, que consiste en no intentar imponer a otros vivir según principios, creencias, costumbres, prácticas y regulaciones a las que se niega otorgar importancia o valor alguno. El liberalismo es característico de mentes equilibradas, generosas y bondadosas. Su opuesto es el sectarismo, cuya manifestación más común es el puritanismo.
Como pueden observar, la Templanza es una de las más grandes virtudes del masón, pero también una de las más difíciles de alcanzar, ya que requiere una práctica constante de los principios previamente expuestos, de tal manera que las meras declaraciones de principios se transformen lentamente en cualidades practicadas con conciencia y, finalmente, en respuestas automáticas en la vida cotidiana.
La perseverancia es el pilar fundamental de la Templanza, y sin ella, esta se convierte en una quimera atractiva, pero siempre fuera de nuestro alcance. Adquirir estas cualidades constituye el primer compromiso de un Aprendiz; posteriormente, se abordará la cuestión del discernimiento, del análisis profundo y de la exactitud en el juicio. Así, tendrá la oportunidad de encontrar otra herramienta en la gaveta que los Maestros del lugar le otorgaron al ingresar al espacio del Templo: esta herramienta será el Cincel.
El Mazo puede sugerir otras metáforas ricamente esotéricas, pero para desvelar los secretos encubiertos del mazo y aprender a golpear, golpear y golpear nuevamente tu Piedra Bruta. Hay que tener presente que esta búsqueda debe llevarse a cabo en Soledad, ya que ésta es el estado esencial y privilegiado del Iniciado: un cantero trabaja únicamente en compañía de sus herramientas; por lo tanto, la introspección constructiva del ser transformado no podrá contar con ninguna asistencia, sino exclusivamente con la determinación del sujeto, la persistencia y lafe en la tarea. Una vez que la piedra haya sido esculpida, una vez que esté integrada en la estructura del Templo, se comprenderá que fue fundamental para realzar la Belleza del edificio, porque llevará dentro de sí la fuerza, los momentos valiosos de su existencia, su pasión por el trabajo colectivo y por la misión que le inspiró a lo largo de su aprendizaje.
AUTOR: Joseba Errantz, IM, PM — 2015 (e. v.)
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