249  APUNTES SOBRE LA MASONERÍA EN ESPAÑA  —


     La Masonería hizo su aparición en España en el año 1726 en Gibraltar, territorio bajo control inglés, gracias a la Gran Logia de Londres, que estableció una sucursal en dicha ubicación. Un año posterior, el Duque de Wharton, quien era embajador británico y un antiguo Gran Maestro de la "Free Masonery", inauguró en Madrid la primera logia, denominada Matritense, con la Carta Patente otorgada por la Gran Logia de Inglaterra el 19 de marzo de 1729, bajo el título oficial de "Gran Logia Provincial de Inglaterra para el Reino de España". Las sesiones de esta logia tenían lugar en la vivienda del propio Embajador Británico. Entre los masones se encontraban figuras de gran influencia y poder, como Campomanes, Fiscal del Consejo de Castilla, quien fue sucedido por Moñino, también masón; Roda, que ocupó el cargo de Ministro de Estado y posteriormente de Gracia y Justicia; el Duque de Alba, que fue Consejero de Estado; José Nicolás de Aza, Embajador en Roma; y, por encima de todos en términos de jerarquía e influencia, el poderoso Conde de Aranda, quien presidía el Consejo de Castilla. La influencia de la Masonería durante el reinado de Carlos III resultó crucial, hasta el punto de que el tutor de su hijo Fernando fue el Príncipe de San Micandro, un masón notorio y reconocido.


Los negocios reales y las obediencias masónicas

     La llegada al trono español de Carlos III (1759-1788), originario de Nápoles, provocó un aumento en la influencia de la Masonería en la Corte de Madrid. Aunque no se tiene prueba de su pertenencia a la Masonería, Carlos III se rodeó constantemente de masones bien conocidos y admirados, a quienes confió gran parte de su gobierno. Miguel Morayta, Gran Maestro de la Masonería española, expresó en su obra "Masonería española": "La masonería no tuvo el honor de contar entre sus miembros a aquel monarca que, no obstante, llevó a cabo numerosas obras masónicas". En los inicios de su reinado, estas iniciativas masónicas fueron implementadas por un grupo de ministros extranjeros, en su mayoría italianos, encabezados por el Marqués de Esquilache, un individuo del pueblo que alcanzó el título de Marquesado gracias a Carlos III y que falleció en su querida Venecia rodeado de una considerable riqueza. En el siguiente capítulo, analizaremos el Motín contra Esquilache y sus colaboradores, con el primero finalmente desterrado y los otros removidos por la presión del público. Para reemplazarlos, Carlos III se dirigió a los masones nacionales. Tanto unos como otros, los de aquí y los de allá, siempre con sus bolsillos bien repletos, como era característica de los verdaderos masones.

     El Conde de Aranda fue nombrado Gran Maestre de la Masonería Española en el año 1760. Bajo su liderazgo, en 1767, la Masonería se formalizó y evolucionó a su etapa adulta, esto tras la realización de la expulsión de los jesuitas conforme a la orden masónica. Fue entonces que adoptó el nombre de "Gran Logia Madre de la Francmasonería Española" y obtuvo cierto grado de autonomía, aunque no de independencia, ya que esta nunca se alcanza. La Masonería siguió el camino trazado por su contraparte francesa, pero continuó conservando su mera esencia simbólica y especulativa, conocida como Masonería Azul, que era proselitista y selectiva, destinada a formar el carácter de aquellos considerados dignos de ascender en la jerarquía de la orden. Para aquellos desprevenidos que podrían llegar a sentirse atraídos por el mero aspecto especulativo e incluso recreativo de la Masonería Azul, es necesario señalar que, como advierte Antoine de Motreff en su libro "¿Quién inspiró a René Guenón?" (1995): "La unión con una organización iniciática regular hace que el pecado de superstición sea aún más evidente, aunque el demonio puede actuar también sin esta cadena de iniciación. La iniciación crea un 'entorno' propicio para los actos del demonio". Descartando cuestiones filosóficas, es un hecho que la iniciación masónica permite desde un inicio ser parte de un colectivo que brinda beneficios al iniciado. 

     En 1773, el Conde de Aranda fue designado Embajador en Francia, donde fortaleció sus vínculos con la Masonería francesa. El "Gran Oriente Nacional de Francia" se había desprendido de la "Free Masonery" inglesa e impulsó la jerarquía iluminista en 1756, y en 1758 realizó un cambio de nombre y funcionamiento, dejando de ser únicamente nacional para transformarse en internacional, adoptando el nombre de "Gran Oriente de Francia" (GOF). En ese mismo periodo, se estableció el nuevo Rito de Perfección que constaba de 25 grados, incluidos los 3 grados iniciáticos del rito simbólico original. Así, surgió la llamada Masonería Operativa, también conocida como irregular, la cual se convirtió en el centro y motor de la Revolución Francesa de 1789 y madre autoritaria de su derivación española. El Conde de Aranda logró obtener una Carta de Patente para establecer en España el Rito de Perfección, constituyendo desde el 24 de junio de 1780 el "Gran Oriente Nacional de España", la renovada Masonería española, que era autónoma pero subordinada y organizada bajo las directrices de su matriz francesa. Con este acto, se dio un giro crucial en el curso histórico, ya que la renuncia de una gran parte de los masones a la obediencia inglesa para someterse a la del GOF generaría desde entonces divisiones y continuos  constantes conflictos internos, que se añadían a la división de la dependencia externa, unos inglesa y otros francesa. Las disputas entre masones han convertido a España, en muchas ocasiones, en su verdadero campo de batalla y, en otras, en su adversario común.

     La masonería española se fragmentó casi de igual manera entre las dos obediencias, aunque la francesa nunca dejó de crecer en comparación con la inglesa hasta la actualidad. A la jerarquía iluminista supra masónica le era conveniente sostener ambas organizaciones, para mantener abierta la posibilidad en España de un modelo semejante al de la monarquía británica, en el caso de que el rumbo revolucionario francés no resultara viable en la católica por excelencia España. Para lograr esto, contaron con las creencias religiosas de muchos de sus integrantes, quienes prefirieron permanecer leales a la Francmasonería regular (inglesa), dado su carácter no confesional, pero deísta, tal como se establece en la Constitución de los Estados Unidos, la mejor representación de sus principios ideológicos, tras el fracaso de la Constitución Española de Cádiz de 1812. Es sin duda crucial entender la afiliación de ambos grupos hasta el presente, después del giro masónico del Conde, en el que seguramente tuvo influencia Carlos III, quien, por su nacionalidad francesa, mantenía una particular animosidad hacia los ingleses desde su período en Nápoles y un profundo desprecio hacia los jesuitas. En cualquier caso, el cambio propuesto por Aranda constituía una estrategia perfecta para debilitar de manera definitiva el poder ya comprometido del Imperio español. 


AUTOR:  Maestro Masón  —  2019 (e. v.)

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