243 BAPHOMET II —
Los templarios, tanto en la antigüedad como en la actualidad, veneraron y continúan venerando a Baphomet o Bafomet, conocido como la “Cabeza que habla”, como su deidad de la Luz.
Esta figura de la Luz, en sus diversas manifestaciones (Baphomet, o Lucifer, entre otras), ha desempeñado un papel crucial para los Illuminati a lo largo de la historia. En su obra "Ángeles y Demonios" (Umbriel, 2004), Dan Brown aborda este tema, aunque rodeado de elementos fantásticos. Los rosacruces y sus ramas, como la Golden Dawn y Thelema, consideran a Baphomet de gran relevancia. Asimismo, la Masonería contemporánea ha incorporado y continúa incorporando, aunque en menor medida, al dios de la Luz en sus prácticas y enseñanzas, representado bajo las figuras de Iblis, Baphomet, Lucifer, entre otras. Cabe recordar que el general Albert Pike, en uno de los escritos masónicos más reconocidos, "Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry", comentaba: «LUCIFER, ¡El Portador de la Luz! ¡Un nombre extraordinario y enigmático, asignado al Espíritu de la Oscuridad! ¡Lucifer, el Hijo de la mañana! ¿Acaso él no es quien lleva la Luz, ceguera que proviene de sus intensos brillos para las Almas débiles, sensuales o egoístas? ¡No lo duden, pues las Tradiciones están repletas de Revelaciones e Inspiraciones divinas, y la Inspiración no pertenece a una sola época o creencia. Platón y Filón también fueron inspirados».
En resumen, existe una deidad de la Luz conocida como Baphomet, Lucifer, Iblis, Prometeo, que ha tenido presencia a lo largo de la historia entre templarios, rosacruces, illuminati y masones, actuando como el verdadero guía para la iniciación.
El sistema de iniciación denominado Rojismo y sus respectivas órdenes (Orden Illuminati y Societas OTO) centra su enfoque en la deidad de la Luz, Baphomet, tal como se ha ilustrado en el presente trabajo. Por ende, es oportuno conocerlo más a fondo.
La figura de Baphomet ha sido objeto de diversas interpretaciones, a veces inexactas. Montague Summers, quien se hacía llamar experto en demonología y brujería, atribuía el origen del nombre al término griego Baph Metis, que se traduce como bautismo de Luz. Por su parte, la ocultista Madeline Montalban, que fundó la Orden de la Estrella de la Mañana, sostenía que el nombre provenía de la inusual palabra Bfmaat, que significa “el Abridor de la Puerta”. El ocultista francés Eliphas Lévi afirmaba en sus escritos que el secreto de este misterioso nombre se revelaba al invertir sus letras. No me posicionaré en el debate. Desde mi perspectiva, la interpretación más adecuada es que Baphomet simboliza el bautismo de Luz y Sabiduría.
No obstante, al considerar el magnífico dibujo realizado por Eliphas Lévi —incorporado a este trabajo—, encontramos los emblemas que ponen en evidencia que Baphomet es, indiscutiblemente, el dios de la Luz y de la Iniciación.
Lévi representó a Baphomet con una cabeza de cabra, características andróginas y emblemas iniciáticos, colocado sobre un cubo. Entre los cuernos de esta entidad, incorporó un pentagrama y una antorcha. Añadió al cuerpo de Baphomet senos femeninos y un falo que asemeja una vara de Hermes, un brazo masculino y otro femenino, con una mano levantada y la otra hacia abajo, indicando una luna en fase creciente y otra en fase menguante. Cada uno de los brazos contenía una palabra en latín: solve y coagula.
Analicemos los íconos mencionados desde una perspectiva simbólica. La piedra sin labrar representa al masón en su estado inicial, el Aprendiz. El cubo de seis caras simboliza al masón en un estado más avanzado, el Compañero. El cuadrado, relacionado con el cubo, se considera el símbolo del mundo y de la naturaleza. En este símbolo, se encuentra el nombre de Dios en hebreo, YHVH, así como los cuatro elementos y las cuatro estaciones. Así que, observamos a Baphomet posado sobre el mundo, el dios de la Creación.
La antorcha representa la Luz divina y es sostenida por aquel que brinda esta Luz a la humanidad. Por lo tanto, Baphomet, conforme a la simbología, es el dios que posee la Luz. ¿Acaso esta interpretación no se alinea con la condición de Baphomet como deidad de la iniciación?
El pentagrama o estrella de cinco puntas ha sido un símbolo utilizado desde tiempos inmemoriales. Los pitagóricos lo llamaban Pentalfa, y algunos iniciados lo asocian a Sirio, quizás el primer dios conocido por la humanidad. Kenneth Grant, líder de la OTO en Inglaterra y último discípulo de Aleister Crowley, señalaba que “para los egipcios, Sirio era representado por el jeroglífico de los dientes y la serpiente, considerándola la madre primordial que dio a luz a los siete planetas que determinan el tiempo”. Además, se puede agregar que Sirio también es simbolizada por un perro y es conocida como la “estrella de la mañana”, la estrella que da origen a la Creación… Por esta razón, Baphomet se presenta con un símbolo vinculado al primer dios, a la Luz Primordial.
La posición correcta del pentagrama representa la victoria del espíritu sobre la materia; mientras que su posición invertida, por el contrario, simboliza lo opuesto. El pentagrama de Baphomet se muestra en su posición correcta, dado que su figura es divina e iniciática, no material como en el caso de Satanás. De hecho, las sectas satánicas contemporáneas utilizan el pentagrama de manera invertida.
No obstante, los demás símbolos de Baphomet deben ser analizados desde el hermetismo y sus siete principios. Los íconos de Baphomet están asociados a estos siete principios herméticos. Esto demuestra una vez más que él es el dios de la Luz y la iniciación. El hermetismo sugiere la exploración de todos los enigmas del Universo, y Baphomet posee su conocimiento manifestado a través de símbolos.
Veamos la relación entre los siete principios herméticos y Baphomet.
1. PRINCIPIO DE MENTALISMO.
Las palabras solve y coagula de Baphomet, en alusión a la facilidad para disolver y crear, simbolizan el «todo es mente, el Universo es mental».
2. PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
Una mano hacia arriba y otra mano hacia abajo de Baphomet simbolizan el «como es arriba, es abajo».
3. PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
Las citadas manos y la vara de Hermes en vibración simbolizan el «nada está inmóvil, todo vibra».
4. PRINCIPIO DE POLARIDAD.
Las dos direcciones de las manos, la luna negra y la luna blanca, los pechos femeninos y el falo masculino de Baphomet, simbolizan el «todo es doble».
5. PRINCIPIO DE RITMO.
Las fases lunares representadas por las dos lunas simbolizan el «todo fluye y refluye, avanza y retrocede, sube y baja».
6. PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
Las palabras solve y coagula de Baphomet simbolizan el «toda causa provoca un efecto y todo efecto parte de una causa».
7. PRINCIPIO DE GENERACIÓN.
Los senos femeninos y el miembro masculino, los dos aspectos de Baphomet, representan el concepto de que «todo es masculino y femenino».
Cuando el iniciado completa su proceso de iniciación en el Rojismo —última fase deñ proceso alquímico—, a través del tantra y la cábala, se transfigura en el andrógino sagrado, en el andrógino alquímico, convirtiéndose en un ser con capacidad para reformar su propia realidad y la del entorno que lo rodea. Es en este momento que ha trascendido todas las etapas de la alquimia, alcanzando la fase final denominada Obra al Rubí o Rojo. Se puede afirmar que en este punto, por medio de Baphomet y un camino iniciático vinculado a él, ha revelado su verdadero poder. Sin la presencia de Baphomet —Portador de la luz—, la iniciación no puede finalizar adecuadamente, debido a la carencia de conocimiento, luz y un camino iniciático que eleva al ser humano a su estatus divino de la Naturaleza, al HOMO SAPIENS.
La Filosofía Rojista, junto con la psicología científica, entre otros, completarán lo que falta en el Sistema. . .
Por todas estas razones, quienes hemos alcanzado un alto grado de iniciación y hemos vivido esta fase alquímica, tenemos la responsabilidad de exaltar la figura del dios de la Luz dentro del proceso iniciático y de abandonar cualquier tipo de duda al respecto.
En conclusión, es importante señalar que, bajo la perspectiva del psicoanálisis, la figura del dios de la Luz guarda relevancia para Freud. De manera no sistemática y a lo largo de sus escritos y correspondencia, Freud desarrolló un psicoanálisis relacionado con el dios de la Luz, al que él se refería como Satán, nombre que conocía a través de su tradición hebrea. En primer lugar, identificó a este como una manifestación del inconsciente. Luego, lo relacionó con la figura del padre maligno. A través del tantra y la cábala, el iniciado explora su inconsciente y descubre la Luz en su interior.
AUTOR: Fernando Ezquerro, MI, PM, PGSP — 2025 (e. v.)
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