207  ORIGEN DE RETAJAR —


     Es un aprendizaje adquirido en el Ritual de Primer Grado que señala la posible presencia de personas externas en nuestras discusiones con la frase: “llueve, o “está lloviendo”. Desconozco si alguien ha empleado esta frase y en qué circunstancias lo haya hecho. Sin embargo, desearía profundizar en el significado simbólico de esta frase y contribuir a la construcción de nuestro edificio común para que este nuevo camino de lugar a un mayor conocimiento.

     Existe la palabra “Retejar” como sinónimo de la práctica de reconocer al hermano entre los “profanos”, del latín profanus (fuera del templo),  en el sentido simbólico, alguien que no tiene conocimientos sobre un tema o asunto, y no el de inmoral, grosero o irrespetuoso con la religión..., que son otras acepciones. Para los interesados a la Lingüística: Hay 453 palabras asociadas a profano, entre nombres, adjetivos, verbos, así como sinónimos y antónimos.

     Por otra parte, casi la mitad del citado Ritual, se enfoca a la vigilancia y restricción de acceso al Templo para el “profano”. En principio parece exagerado este enfoque si consideramos los hechos en su realidad. Lo habitual es que los hermanos se conozcan desde hace tiempo y que la llegada de visitantes al Templo sea previamente acordada. Por lo tanto, esta prevención parece ser, a simple vista, irracional.

     Un masón puede ser muchas cosas, pero, ciertamente no es irracional; y mucho menos lo es un Ritual que nos guía a lo largo de un plan de trabajo establecido a través del camino iniciático. De esta forma, nos comprometemos a indagar en esta palabra simbólica y a extraer, en la medida de nuestras capacidades, uno de sus múltiples significados preguntándonos por qué nos preocupa tanto la profanación de este espacio sagrado por excelencia.

     El mito —que no tiene una base histórica real y no se sitúa en un lugar concreto—  proviene de la época en que nuestros antepasados operativos se reunían en las casetas de obra, al pie de las construcciones, para trabajar a la Gloria del Gran Arquitecto. Los trabajos eran tan secretos y resguardados que el último de los hermanos, después de asegurar todas las puertas desde afuera, entraba al Templo por el tejado, removiendo alguna de sus tejas y atravesando a través de ellas, cuidando de restituirla a su lugar. La llegada de un profano se señalaba con la frase “está lloviendo”, indicando que la “teja” no estaba correctamente colocada y que el retejador había fallado en su labor, permitiendo la entrada de elementos externos en el Sagrado Lugar. Al igual que en todas las narrativas simbólicas, nos vemos obligados a extraer un aprendizaje para que nuestro conocimiento avance y, por ende, el de todos aquellos que están unidos en la común Gran Obra.

     Sin embargo, ¿qué implica en la actualidad la frase “está lloviendo”? Se nos presenta inicialmente una interpretación que sugiere que la prudencia es esencial en nuestras interacciones y diálogos cuando, fuera del espacio sagrado, debemos compartir nuestras vidas en un contexto secular —o profano—, lo que nos lleva a evitar que oídos curiosos se enteren de asuntos que solo conciernen a la existencia iniciática. Sin embargo, esto no se limita únicamente a ese aspecto. Llegamos influidos, impregnados de ideas externas, las cuales se infiltran en nuestras acciones y comentarios dentro de la Logia. Se espera que en la zona conocida como “Pasos Perdidos” nos liberemos de esas, llamémoslas, “gotas de lluvia” que arrastramos en nuestra forma de actuar, razón por la cual los rituales recalcan la importancia de la preparación espiritual “antes de ingresar al Templo”. 

     El trayecto de los Vigilantes a lo largo de su respectiva columna representa, de igual manera, una oportunidad para volver a filtrar nuestras acciones: Estamos “Al Orden”, lo que significa que no actuamos de manera profana, y nuestro pensamiento debiera elevarse más allá de todo lo simbólico que tenemos ante nosotros. Si a pesar de todo, la idea profana penetra en el Templo, se incurre en un acto de profanación. Esta, desde mi punto de vista, la esencia de la primera parte de la Apertura de los Trabajos.

     No es suficiente recordar continuamente para qué estamos aquí, qué realizamos y cuál es el objetivo final de nuestra labor. Nuestra Logia representa un Cosmos, algo metódico, donde el símbolo debe superar al conocimiento superior de cada uno de nosotros. Es un “Huevo filosófico” que está necesariamente cerrado, en el que se desarrolla la Obra que luego dará fruto en el interior de cada individuo y, por extensión, en nuestro entorno natural. De adentro hacia afuera, y no de otra forma.

     Nos consideramos iniciados y, por lo tanto, nos reconocemos como hermanos con una misión que cumplir, la cual es claramente indicada por la Logia en cuanto a a quién están dirigidos nuestros Trabajos, con qué propósito y de qué manera. Además, para no desviarnos de nuestro camino, se presenta ante nosotros un plano o esquema de la obra que el iniciado debe construir: es el Cuadro de Trabajo, o Cuadro de la Logia. Este carece de palabras porque su contenido debe ser grabado en nuestro espíritu de manera indeleble. Todo aquello que no se ajuste a lo que emana de los símbolos pertinentes al Grado, y que, nuevamente, están ante nuestra vista hasta el final de los Trabajos, no se considera Trabajo iniciático y se convierte en una pérdida de tiempo si no orientamos nuestro esfuerzo intelectual hacia los símbolos presentados. Además, es probable que si no actuamos de esta manera, comprometamos la pureza del templo con una sutil lluvia de ideas ajenas a la razón de nuestra presencia aquí.

     La herramienta proporcionada al Aprendiz, conocida como “Silencio”, representa una de las más valiosas y desafiantes para el masón. La capacidad de diferenciar entre prudencia y cobardía no siempre es evidente; frecuentemente, comprendemos que hemos hecho un mal uso de esta herramienta cuando, después de una conversación, nos cuestionamos: “¿Debería haber intervenido para expresar esto o aquello?”. Sin embargo, ante la incertidumbre de formular un juicio que contamine el trabajo colectivo, es preferible abstenerse de hablar y reflexionar en dos o más ocasiones; incluso es recomendable esperar varias tenidas antes de compartir nuestra opinión, después de haber considerado en silencio si lo que se va a comunicar o presentar contribuye a nuestro propósito o, por el contrario, profana el Templo. No saltar como un muelle o resorte a la más mínima ocasión, diciendo “por alusiones”… Un buen masón no habla nunca dirigiéndose a uno solo  individuo de la Logia, ya sea nombrándolo, ya sea refiriéndose a sus hechos u opiniones. 

     Por supuesto, me refiero al Rito, delimitándolo a la simbología que se ha propuesto. Aquellos que piensan que estos símbolos se agotan en su propia existencia no captarán nuestro proceso iniciático en absoluto. La existencia de un masón, así como la de una generación de masones y todas las generaciones pasadas, no será suficiente para abarcar el significado que poseen los símbolos, dado que estos tienen la capacidad de no ofrecer una interpretación lineal y discursiva, sino que se enriquecen a sí mismos y a quien se dedica a su estudio, de tal manera que su simple contemplación coloca al masón en el camino hacia la perfección interna y hacia la proyección de sus acciones en su entorno, impactando de manera positiva todo lo que realice.

     Solicito a mis QQ.·. HH.·., como lo hago a mí mismo, que se cumpla con todo rigor una estricta observación de las normas que nos hemos dado, cuando debatimos los temas propuestos en Logia. Debemos reflexionar antes de proponer, o leer planchas, que carezcan de un propósito claro que lleven a la interpretación de los acontecimientos a través de esos símbolos. El discernimiento individual de cada hermano proporcionará la adecuada correspondencia a esta sugerencia, que se presenta por el bienestar general de la Orden, con el fin de enriquecer nuestro Trabajo y que éste tribute a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, ante quien nos hemos comprometido mediante un solemne juramento, o promesa.

     Si algún hermano considera que ésto significa no estar al tanto de los tiempos que vivimos; si alguno cree que esto no es hacer progresos, le responderé que nuestros hermanos del pasado emplearon el Rito tal como lo utilizamos hoy en día, y eso no limitó su defensa, ni su esfuerzo, por humanizar su época. El ser íntegro que anhelamos debe armonizar su compromiso con una tradición que se le ha transmitido a través de la Iniciación, y unas acciones que estén alineadas con esa perfección interior que se busca. Hay una gran distancia entre eso y permitir que las dificultades se impongan en el Taller.



AUTOR:  Joseba Errantz, IM, PM  — 18 de mayo de 2025 (e.v.)  

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