240  LA FILOSOFÍA DEL PRIMER GRADO  —

      La Francmasonería se caracteriza primordialmente como una institución educativa de gran relevancia, dedicada a lo largo de los siglos a la honorable y altruista misión de forjar un modelo ideal de ser humano, erudito, solidario y fraternal, defensor de la verdad y libre de prejuicios o doctrinas. Esta naturaleza educativa que la distingue impone la imperiosa obligación de prestar atención a todo lo que concierne a los procesos de enseñanza y, en particular, comprender con claridad el significado y la relevancia de la educación tanto en el individuo como en la colectividad. La Francmasonería enfoca su atención en el ser humano y en la sociedad.

     A través del individuo, debidamente formado, busca contribuir a la mejora y al perfeccionamiento de la humanidad. Con este planteamiento fundamental, se establece el ámbito de actuación de la Orden, no para intervenir en el mundo exterior como una manifestación directa de su voluntad, sino para fomentar la actividad de sus miembros en acciones orientadas al progreso, al bienestar y a la dignidad de cada persona y de los grupos que estas conforman en su vida social. La efectividad, el compromiso y la dedicación con que se lleve a cabo esta labor son determinantes en el futuro de cada uno de los nuevos miembros que se incorporen a nuestra Orden. Aquellos de nosotros que, de una forma u otra, asumimos la responsabilidad de educar en los talleres, especialmente en el caso de los recién iniciados, debemos tener claramente definidos cuáles son los objetivos y los recursos a nuestra disposición para llevar a cabo esta labor educativa.

     Desafortunadamente, la confusión es común en numerosos talleres, lo que resulta en una falta de efectividad o un déficit en el proceso formativo, así como en el desánimo y distanciamiento de muchos elementos valiosos que no logramos o no tuvimos la capacidad de retener. Es importante recordar que el profano, a través de la Iniciación, entra en una nueva existencia y que la Masonería tiene la responsabilidad de prepararlo y capacitarlo para "experimentar" esta nueva vida. Asimismo, es importante subrayar que el masón no solo debe "vivir", sino también "cohabitar", lo cual conlleva un verdadero proceso de socialización, transformando el "yo" en "nosotros". De esta manera, los tres grados azules o universales de la Francmasonería buscan llevar a cabo un proceso de formación iniciática exitoso, comenzando desde la etapa de aprendiz, pasando por la de compañero, hasta alcanzar la culminación masónica que se traduce en maestría. Todo lo anterior indica la complejidad de la labor masónica-educativa y la necesidad urgente, que no puede ser pospuesta, con la que la Gran Logia desea abordar esta tarea como su principal prioridad. Con este fin, la Gran Logia reconoce la importancia de establecer un entorno logial y de contar con instructores masónicos que garanticen que el entorno en el que debe integrarse el iniciado sea genuinamente educativo, y que sus instructores o Vigilantes posean la más alta calidad y eficacia, así como una sólida formación cultural y un profundo conocimiento de la filosofía de nuestros grados, es decir, una competencia docente efectiva.

     Por todas estas razones, estimados hermanos, nos reunimos hoy en este Seminario, donde los Respetables Hermanos Vigilantes y Oradores de toda la Jurisdicción han sido convocados por la Gran Logia con un propósito serio relacionado con la enseñanza Masónica. El primer grado instruye en el cultivo de la fraternidad y la práctica de la moral, familiarizando al Aprendiz con la interpretación de los símbolos y alegorías masónicas; durante el tiempo de aprendizaje, se introducen al masón las leyes, usos, y tradiciones de la Francmasonería, preparándolo para ser un filántropo, un estudiante constante y prudente. Solo de esta manera, un individuo equilibrado en los ámbitos espiritual, intelectual y físico puede dominar sus pasiones en beneficio de su evolución continua y la de aquellos que lo rodean. La lucha contra las pasiones que nos afectan puede conducir a la infelicidad; no obstante, si nos hacemos cargo de ellas o las manejamos con inteligencia, pueden convertirnos de siervos en dueños de nosotros mismos. Así, el Aprendiz debe aplicar especial atención en erradicar de su ser las imperfecciones morales que arrastra del mundo profano, esforzándose, como se mencionó anteriormente, en liberarse de la mala influencia de las pasiones y en inspirarse en los ejemplos de sus maestros en la Logia. "Nuestra Orden selecciona individuos, los educa, los organiza y les impone disciplina", lo que significa que corrige en ellos todo lo que es posible; les enseña a elegir los elementos beneficiosos del entorno en el que se desarrollan; y les señala el camino de las evoluciones que los conducirán a su destino.

     En el primer grado y en los posteriores, se instruye y educa al neófito sin motivaciones religiosas ni políticas. "De este modo, nuestra Institución inicia su labor en los Hermanos y, a través de un proceso lento, pero eficaz y profundo, la concluye en la sociedad profana". La Francmasonería ofrece al recién iniciado un conjunto de principios intangibles, cuya aceptación es fundamental e ineludible para ingresar y permanecer en la Orden. Estos principios singularizan y definen a la Institución, de tal manera que si faltaran, esta dejaría de existir, ya que ellos reflejan la correcta y buena doctrina. 

    El primero de ellos es el principio de la personalidad. Reconocer al ser humano el rasgo de conciencia autónoma que no puede ni debe estar sometida a ninguna entidad, salvo al estado en su función como símbolo representativo y expresión de la comunidad. Esta subordinación solo tiene validez en el contexto de las relaciones interpersonales, puesto que en su interior, el ser humano establece su propia moral y norma, dado que es soberano.

     El segundo principio: La masonería requiere que sus integrantes actúen con moralidad, sin imponer un código específico de ética, respetando así las conciencias de cada individuo y exigiendo únicamente que cada persona actúe según su propio juicio. Por esta razón, la Orden en su totalidad no establece ni dogmas ni consignas. Del principio de la individualidad emergen dos conceptos esenciales, que son la libertad y la igualdad; en relación a este último, podemos afirmar que todos disfrutan de los mismos derechos fundamentales, lo que implica que todos somos intrínsecamente iguales. Por lo tanto, cualquier forma de esclavitud o servidumbre contradice el ideal masónico de igualdad, que se encuentra presente desde el inicio hasta el final de nuestra Noble Orden.

     Otro principio clave de la Institución: Quizás el primero de los aspectos místicos que se nos explica al ser iniciados, es el de la fraternidad, que se manifiesta en fomentar en el neófito y reafirmar en los demás la empatía recíproca, la solidaridad, condiciones esenciales y requisitos previos para que la libertad y la igualdad no se conviertan en meras ilusiones. La unión estrecha entre iguales es un pilar crucial para el adecuado desarrollo y la armonía tanto individual como colectiva del Taller. Es imprescindible, entonces, continuar con nuestros objetivos de autodesarrollo, moldear la piedra en bruto a través de una enseñanza activa, para abogar por la justicia, la paz y la solidaridad, ya que de este modo contribuiremos a los altos propósitos de la Institución masónica, que al acogernos en su seno nos confió un legado, un patrimonio moral y espiritual que ante el Ara prometimos proteger y dignificar, mediante nuestro esfuerzo personal y dedicación hacia el logro de una convivencia superior. Esta recopilación, interpretación y análisis del primer grado no tiene la intención de agotar el tema, sino que busca ofrecer una visión, aunque parcial, de los Iniciados en nuestra Orden Francmasónica.


AUTOR:  Josebe Errantz, IM, PM  —  2018 (e.v.)

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