220 JUDÍOS Y CATÓLICOS —
La historia de las relaciones entre católicos y judíos ha sido conflictiva la mayor parte del tiempo. Podría preguntarse cómo fue posible que el pueblo judío produjera al redentor cristiano para después ser escarnecido y separado radicalmente del mismo. Esta es una de las preguntas claves que se hace Hans Küng, teólogo cristiano muy liberal, en su libro "Judaísmo".
Desde el siglo segundo se da una literatura adversus judaeos, en la medida en que la Iglesia se aleja de sus raíces hebreas del viejo testamento y se heleniza, en su afán de universalizar su mensaje.
Recuérdese que desde atrás hay una sorda lucha de los judíos contra la dominación y cultura helenistas. En particular, la Iglesia culpa a todos los judíos por la muerte de Cristo y considera como justo castigo divino su dispersión en el mundo, como un pueblo condenado. Ser asesinos de Dios era un cargo inmenso que durante mucha historia despertó la furia de los gentiles, justificando asesinatos en masa y múltiples depredaciones.
A pesar de esto, los judíos no fueron particularmente perseguidos durante ese siglo y el reinado de Constantino (306-337) les dio un status de religio licita. Un siglo después, sin embargo, con la conversión de la Iglesia en imperial y a través del Codex Theodosianus, el judaísmo, junto con otras religiones no afines, fue decretado como paganismo y herejía que eran considerados crímenes contra el Estado. Ello implicó barreras a los matrimonios mixtos, prohibiciones para ejercer cargos públicos, para extender las sinagogas y para hacer proselitismo. De esta manera se reforzaron las tendencias aislacionistas dentro de los judíos. A pesar de estas tendencias en la teología y en la ley, las relaciones entre las dos religiones se mantuvieron frías más no violentas.
El verdadero y sangriento conflicto se abrió paso con las Cruzadas de los siglos XI - XIII que fueron declaradas específicamente contra musulmanes y judíos. La sectarización y el ensañamiento sistemático, la muerte para todos los enemigos de Cristo, impulsaron múltiples pogromos al paso de los cruzados por Europa. Los judíos fueron exterminados en Jerusalén y Aco. Los cruzados fueron perdonados de las deudas que mantenían con prestamistas judíos. Las rutas de comercio de larga distancia le fueron prohibidas a los judíos. El papa Inocencio III declaró a los judíos sirvientes del pecado o como sirvientes de los príncipes, lo que implicó una forma de vestir especial y un impuesto discriminatorio sobre sus cabezas, a ser entregado a las iglesias locales. Hubo un célebre caso de secuestro de un menor judío que fue convertido al catolicismo y educado para ser cura, con fallos legales absolutorios para los raptores. Hay incluso una santa, canonizada en virtud del secuestro de un niño judío y haberlo educado para que se convirtiera en prelado de la Iglesia.
Los judíos en España tuvieron una buena relación con el imperio musulmán que dominaba la península y ello atrajo un enorme resentimiento por parte de la nobleza que organizó la guerra de liberación, triunfante en el siglo XV. A partir de allí, los dominicos establecieron la Inquisición que se ensañó contra los judíos conversos, obligados a ello por los Reyes Católicos a cambio de no ser expulsados del país. A los conversos se les enjuiciaba y eran condenados a la hoguera si se les demostraba que su conversión no había sido sincera. La mayor parte de la población judía española emigró hacia Holanda, Inglaterra, el norte de África y hacia América subrepticiamente.
La Reforma protestante trajo algún respiro a las comunidades judías, sobre todo porque la Iglesia católica se enfrascó en una lucha contra el nuevo enemigo y dejó un poco olvidado al antiguo. En los países en que triunfó el protestantismo, los judíos recibieron un mejor trato por parte de los calvinistas (Holanda e Inglaterra) y no tanto en Alemania por el antisemitismo radical que promulgó Lutero. La modernidad que entró de la mano con la Reforma impulsó la universalidad de los derechos humanos y la libertad de conciencia y religión, estableciendo una mayor tolerancia y llevando a los judíos a integrarse mayormente a las nuevas civilizaciones, algunas siendo engañosas a escala industrial en este siglo.
La Iglesia católica continuó librando su lucha contra la Reforma hasta el siglo XX. Sólo recientemente ha venido a admitir que no es la dueña de la verdad revelada y que debe convivir con otras religiones, que debe entablar un diálogo con ellas y que debe sobrevivir en estados que no la defienden incondicionalmente.
Con relación a los judíos, ha reconocido errores, daños infligidos y más recientemente el papa Juan XXIII ha pedido perdón al pueblo judío por ellos. Ha excluido los temas antisemitas de su liturgia y de su literatura religiosa y hasta ha abandonado la oración piadosa para que los judíos se conviertan a la verdad. Se ha establecido un diálogo muy provechoso para que ambas partes bajen un poco su guardia frente a la otra y convivan en paz.
AUTOR: Salomón Kalmanovitz — 2016 (e.v.)
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