186 EN LA MEMORIA: DISCURSO TRAS EL INGRESO DE UNA MUJER —
Boletín Oficial del Gran Oriente de España, nº 37, año 1872.
Discurso pronunciado con motivo de la adopción de una señora, por el hermano Graco, Orador adj.·. de la Respetable Logia "La Moralidad" núm. 70, al Oriente de Barcino (Barcelona), en su Tenida ordinaria del 30 de Setiembre.
Queridos hermanos todos, Discípula de la sabiduría:
La Masonería española atraviesa en estos momentos uno de los límites más poderosos que las preocupaciones y errores le oponían para su completo desenvolvimiento.
Hasta hoy nuestros brazos estuvieron constantemente abiertos para recibir lo mismo á los hombres de buena voluntad que á las mujeres virtuosas; mas ¡ay!, en vano aguardábamos con dolorosa impaciencia ver llegar las últimas; los días transcurrían, los meses pasaban, los años se cumplían, sin que ninguna Juana de Arco de la Masonería rompiera el valladar de errores que la ignorancia y el fanatismo oponían entre nosotros; y sin embargo, jamás desesperanzamos de atraeros á nuestro seno; nuestros brazos permanecieron tendidos, nuestros corazones abiertos, nuestros ojos clavados en vosotras; porque comprendíamos que nada realizaríamos, que ningún bien seria completo inter tanto que no lo vivificase el calor de vuestro entusiasmo, la ternura purísima de vuestros corazones.
Pero el error no podía ser eterno: el nefando trono de la superstición no podía sostenerse por más tiempo: las brumas de la ignorancia tenían que disiparse y desvanecerse al contacto de los explendentes rayos del inmaculado sol de la verdad. Largo tiempo trabajamos solos sin que nos animara en nuestra dificultosa empresa la dulcísima mirada que despiden los ojos de la mujeres cuando misteriosa idea las agita; jamás hasta ahora escuchamos dulces palabras de consuelo cuando abrumados por las asperezas del trabajo, débiles desfallecíamos: ninguna mano amiga enjugó nuestro ardiente sudor; ningún corazón generoso compartió nuestros pesares y decepciones.
De hoy más ¡que distinto porvenir!. El trabajo antes árido y penoso, se tornará en adelante fácil y agradable; seréis el corazón de este Taller comunicándole entusiasmo, fé, abnegación, virtudes preciosísimas encarnadas especialmente por el Gran Arquitecto Del Universo en el corazón de las mujeres.
El mundo profano abandonará avergonzado las falsas creencias en que hasta hoy viviera imbuido por el fanatismo y la tiranía, y dejará de considerar nuestras fraternales reuniones como conciliábulos de malvados donde según la vulgar creencia sacrificábamos niños cuya sangre bebíamos, cuyos huesos triturábamos, dejarán de ver en nosotros personas más ilustradas, negro club de conspiradores donde se jura la muerte y exterminio de testas coronadas, se rinde culto á la desolación, tributo al crimen; cesarán de imputarnos hechos indignos cuando sepan que aquí penetran también la madre cariñosa, la Inmaculada Virgen, depositando en nuestro Templo el tesoro riquísimo de sus virtudes; sí, queridos hermanos, ¿ quién será capaz de acriminarnos sabiendo que se sientan en nuestro Templo esas perfumadas flores del jardín de la virtud ?
Felizmente pasaron para no volver más los tiempos en que éramos considerados como criminales y conspiradores; hoy todos saben que la Masonería es la vanguardia de la sacratísima legión del progreso; que su base es la moral más pura, sus medios de acción el amor, la indulgencia, la unión sincera, y su fin la mayor suma de felicidad posible para la gran familia humana.
Solamente la mala fe y un encono profundo pudieran imputar a esta ilustre asociación crímenes tan inverosímiles, ideas tan perversas. La Masonería desde los tiempos de Salomón y Pitágoras hasta los de nuestros días, ha sido constantemente la protesta permanente de la verdad contra el error, de la virtud contra el vicio; y tan es así, que en toda su historia no se encuentra una sola página que no lo sea de gloria imperecedera; ella conservó entre los hindúes [original indios] y egipcios el elevado dogma de la unidad de Dios: ella inspiró la filosofía de Tales, el fundador de la escuela Eleática; la de Pitágoras, fundador de la escuela Itálica; en Roma levantó los suntuosos edificios cuyas ruinas son hoy el asombro y admiración de los viajeros; vino la irrupción de los bárbaros, seculares instituciones tanto políticas como sociales desaparecieron en aquel gran cataclismo: murieron millones de hombres; se arruinaron numerosísimas ciudades; perecieron idiomas, trajes, costumbres, nacionalidades; y cuando el gran naufragio de la antigua civilización aplacó sus iras, se vio a la Masonería lucir como un iris de paz sobre los quebrantados restos de la general desolación. Entonces la Masónicos se transforma obedeciendo las necesidades de la época; entonces deja de ser puramente intelectual como había sido con aquellos filósofos, para convertirse en práctica; ya no se trata como en tiempo de Tales y Pitágoras, de arrancar el cetro a Júpiter, el tridente a Neptuno, la inspiración a Apolo; es decir el fatalismo a la conciencia; la cuestión en la Edad media es emancipar al siervo del terruño; la Masonería comienza su trabajo lento y continuado comenzando con la ayuda de los gremios á constituir aquellas poderosas municipalidades, únicos oasis de la libertad en aquel pavoroso desierto de la tiranía; en aquella época, como un mal necesario se une con los reyes, delega en ellos sus facultades y derechos, y aunque atada al carro de la monarquía absoluta, entona un himno de victoria al verse libre de las garras de los buitres feudales.
Pero una sociedad tan progresiva como la nuestra no podía contentarse con este resultado; así fue que buscó nuevos males que combatir, y por esta vez también los encontró monstruosos, deformes; dos cánceres corroían la nueva forma social, a cual de los dos más graves: el fanatismo religioso y el despotismo político; preciso era combatirlos sin demora, y la Masonería los atacó resueltamente.
Dos hombres, dos genios nacieron entonces para ser cada uno de ellos respectivamente los jefes de la nueva Ilíada que se emprendía contra el error político y el error religioso. El uno es el inmortal filósofo ginebrino Juan Jacobo Rousseau, autor del Contrato Social, donde funda el nuevo Derecho político que había de herir con invisible rayo las consagradas frentes de las autoridades de Derecho divino. El otro, hermano, es el gran Voltaire, enciclopedia viviente, Mesías literario, Proteo científico, según la acertada expresión de un distinguido publicista cubano. Voltaire con el látigo de Juvenal en una mano, con el escalpelo del crítico en la otra, consuma en ochenta años de vida que la naturaleza le concedió, la evolución más grande que las edades han presenciado, arrancando á la hidra del fanatismo sus siete deformes cabezas.
Aquellos errores subsisten aún por desgracia, pero solo en el terreno de los hechos: ante la conciencia universal están condenados; así es que su vida (si vida puede llamarse el estertor de la agonía), solo durará lo que duran las nieblas de primavera, el espacio de una mañana. Sin embargo, estos errores a semejanza de los monstruos de la fábula, se transforman de mil modos y se perpetúan con extraña tenacidad; especialmente el fanatismo religioso lucha desesperadamente antes de rendirse á la evidencia; batido en todas sus trincheras, se refugió en una formidable, en el corazón de las mujeres, la Masonería acosó al monstruo en su último encantado castillo, oponiendo á su encono la dulzura, á su odio el amor, y de esta suerte, merced á nuestra constancia, vemos hoy llenos de júbilo huir el monstruo ante la luz purísima de la verdad y el amor.
La última evolución de la Masonería en nuestro siglo, es ya un hecho desde que comenzaron a penetrar en nuestro Templo las mujeres, y á estas fervientes discípulas de la sabiduría, cabe la gloria de ser las primeras, que en Barcelona han designado la senda, por donde otras muchas les seguirán ansiosas; que ya la mujer, ese complemento precioso de nuestro ser, esa estrella resplandeciente que nos guía en el revuelto mar de la vida, está emancipada de la perpetua tutela de los hombres; el racionalismo moderno no puede relegar á esta hermosa mitad de la especie humana á eterna reclusión como sucede en los pueblos orientales; no puede anular su poderosa personalidad en el santuario de la familia, como lo hicieron los Romanos para quienes el páter-familias lo era todo; no puede encerrarla en los claustros y castillos feudales como lo hicieron las gentes de la Edad media; la filosofía de nuestra época, más humana, más generosa, concede á las mujeres los mismos derechos que á los hombres y les designa el puesto más hermoso, el lugar más escogido en la gran elaboración de la sociedad; que á ellas de derecho corresponden las más altas dignidades ya se la considere como madre cariñosa, como hija tierna ó amante apasionada.
Queridos hermanos, encierra para mí tanta importancia y transcendencia este sublime acto que acabamos de presenciar, espero tanto bien de él, que me siento profundamente conmovido de reconocimiento, é involuntariamente elevo mi alma al G.A.D.U. en acción de gracias por tan señalado favor; mi corazón de masón se estremece con dulce fruición al ver que después de tantos años de penalidades, al cabo de tantos siglos de combate, al fin la Luz Masónica se esparce universalmente por todas las conciencias como un suave perfume.
Elevemos, hermanos, nuestro espíritu al G.A.D.U.; pidámosle fe y constancia para proseguir nuestra gloriosa obra; de este modo podremos comparecer ante el inflexible tribunal de la historia, no como las vírgenes fatuas del Evangelio con lámparas pero sin aceite, esto es, con inteligencias, pero sin buenas obras; sino que por el contrario, mostremos nuestros corazones rebosando virtudes, nuestras vidas llenas de actos meritorios; así, queridos hermanos, nos será más agradable nuestra peregrinación por estos valles de pruebas, y moriremos con el noble orgullo de haber contribuido con algo al bien de la Humanidad.
He dicho,
Graco (Simbólico), Grado 3º
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