230 BREVES REFLEXIONES SOBRE LA INICIACIÓN —
Muchos autores han escrito larga y profusamente sobre la iniciación y el desarrollo de este potencial en quien lo recibe. Cada uno de nosotros debe de tener seguramente su propia postura, y yo en esta breve reflexión, quisiera aportar mi opinión sobre este tema trascendental, que aunque conceptualmente inaprensible, siempre permite asomarse, y hallar en el mejor de los casos, algún elemento nuevo que ayude en esta búsqueda.
Si a un iniciado masón le preguntaran: ¿Iniciado en que estás? ¿Qué respondería?
Probablemente lo primero y más razonable que se le ocurriría contestar sería:
— "Iniciado en Masonería"
Entonces me pregunto: ¿Existe tal cosa? ¿Somos Iniciados en masonería, o iniciados a través de la masonería? ¿Es la iniciación una fuerza única y universal de sacralización, de apertura de la manifestación del potencial humano, que las sociedades iniciáticas codifican de acuerdo a sus sistemas y que tiene su origen en la noche de los tiempos? ¿O es por el contrario un mecanismo privativo de cada sistema que deviene en particulares y monopólicas capacidades de construcción del hombre? Me inclino por lo primero.
¿Son portadores de lo mismo un iniciado sufí, un rosacruz, un cabalista y un masón, por citar unos pocos ejemplos?
Acepto que sí, que la iniciación es un meta sistema, una tradición primordial que las distintas culturas han particularizado de acuerdo a su idiosincrasia y que revela el mismo misterio a unos como a otros.
Cuenta la tradición hebrea que cuando Moisés bajó de la montaña con las tablas de la ley, traía en una mano los mandamientos que todos conocemos, y en la otra otros Saberes, que tenía como destinatarios a los hombres sabios y justos de Israel.
Siempre ha habido un conocimiento, una vía de perfeccionamiento que ha estado reservado para una minoría, una elite. Que no se constituye por el puro hecho de haber pasado por la ceremonia de iniciación por que, como todos sabemos, por la iniciación se puede pasar de largo: quien no deba estar no llegará jamás al corazón de la iniciación sin importar cuantas medallas cuelguen de su pecho. ¿ Es este Saber que bajó Moisés de la montaña el mismo que se susurra en la interioridad de los lamasterios? ¿Es el mismo que el chamán alienta cuando provoca en su discípulo estados modificados de conciencia? ¿Es el mismo que llamamos eufemísticamente "el secreto masónico"? Seguramente, seguramente.
Este extenso y fabril proceso de perfeccionamiento es por momentos muy visible y práctico, pero en otros exige del iniciado una profunda capacidad de abstracción y sutilidad. La iniciación por sobre todas las cosas es acción, por eso no se declara, se ejerce. El perfeccionamiento consecuente es una construcción constante.
La iniciación presenta ciertamente muchas trampas, aunque tal vez debamos conceder que no lo son tanto, que solo son filtros, pruebas puestas a cada paso.
Cargos, títulos y honores varios son los demonios que acechan al iniciado, y están prestos a hincar el diente en su corazón tan pronto como caiga el Adepto presa de estas luces de artificio.
El camino iniciático es un proceso total y definitivamente empírico. La sacralidad otorgada en el acto de iniciación parece ser lo único que se transmite.
De allí en más, en este medio colectivo que es la Logia, el iniciado porta en absoluta soledad toda la responsabilidad por sus posibilidades de realización. Por supuesto que somos partícipes constantes, como en este mismo momento, de un fluido intercambio de conceptos.
Pero, como decíamos en el comienzo, las profundidades iniciáticas escapan a los límites de la más elaborada conceptualización. Por lo que se requerirá de otro lenguaje, otros ojos, otros oídos, o sea del ejercicio del viejo arte de la a-racionalidad, (esa forma de pensamiento no opuesta sino paralela a la acotada estructura que es el racionalismo), para poder abordar la serpenteante experiencia iniciática con alguna posibilidad de éxito.
Largamente podríamos discurrir, queridos hermanos, acerca de esta aventura del espíritu en la que estamos empeñados, pero el objeto de este trabajo solo es el de ser breve y movilizador del pensamiento, lo que me daría muchísimo gusto haber logrado.
Deseo a todos los Hermanos una vida iniciática comprometida, profunda y trascendente.
AUTOR: Fernando García Acosta — 2000 (e.v.)
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