123 SIMBOLISMO MASÓNICO —
El estado de la mente de un nuevo Iniciado en la Francmasonería fue descrito por Maj.Sanderson como "caótico". Muchos, si no la mayoría de Hermanos a partir de su propia experiencia rápidamente testimoniarían y darían fe de este acto y que es además muy fácil para el Neófito hallarse perdido en el bosque masónico de símbolos y simbolismo, al cual él entra, como un hecho cumplido durante su Iniciación. La Simbología Masónica que utiliza símbolos abstractos de deslumbrante impacto, portando profundas y cardinales verdades podría ser denotada como la más interpretativa y esotérica faceta de la Francmasonería. Como afirmó Buck "es en los antiguos símbolos de la Francmasonería en donde yacen ocultos sus verdaderos secretos y éstos están tan densamente velados para el masón como para cualquiera otro, a menos que haya estudiado la ciencia del simbolismo en general y los símbolos masónicos en particular".
El entendimiento de estas connotaciones simbólicas convoca a la silenciosa y rumiante contemplación, a la intuición deductiva o a un tipo científico de investigación espiritual inductiva. Incluso para el “masón pensante”, los símbolos masónicos abren una caja de Pandora de pensamientos sobre los cuales moralizar y especular, qué entonces decir para el neófito¡ Sin embargo, el hecho permanece todavía hoy como dice Steinmatz : “ el Masón promedio es lamentablemente ignorante del significado real de la simbología masónica y conoce muy poco de sus enseñanzas esotéricas”. La simbología y símbolos masónicos son una experiencia cognitiva que uno tiene que experimentar constantemente para elevar permanentemente el nivel de su propia “logia” interior. Mackey exhorta a todo masón : “a estudiar el simbolismo de la masonería pues es la única manera de investigar su filosofía. Éste es el verdadero portal de su templo a través del cual podemos acceder al santuario en el que están ocultos sus tesoros”. Es hacia las miríadas de dudas, a menudo tan exuberantes como las semillas de la granada, que se entrecruzan en las mentes de tales masones que buscan iluminación, y hacia la nucleación de sus pensamientos, que está dirigido este ensayo. Por conveniencia se expondrá en dos partes- su dialéctica y su didáctica.
Dialéctica del Simbolismo Masónico
La definición clásica de Francmasonería es “un peculiar sistema de moralidad velado en alegorías e ilustrado con símbolos”. Un buen punto de inicio para entender los aleatorios elementos contenidos en el ritual masónico es distinguir y discriminar entre “alegoría” y “simbolismo”. La definición de “alegoría” es “una representación figurativa en la cual se pretende mostrar algo más de lo que realmente está exhibido”. Esto está tipificado por nuestras ceremonias masónicas, ya que ellas poseen dos distintos y diferentes significados; uno “exotérico” o inmediatamente obvio, y uno “esotérico” o de significación mística. Como es aparente en la definición misma el velo que cubre la alegoría tiene que ser desgarrado por el estudiante masónico y el significado oculto de la alegoría descubierto por él mismo. Un paralelo a la mano para esta figura es el levantamiento del velo de “Maya”, que encubre el Atman, según las escrituras hindúes.
El Símbolo, por otra parte está definido como “algo que está en lugar de, representa o rememora algo más no por estricta semejanza sino por sugestiones o asociaciones del pensamiento especialmente un objeto que representa algo abstracto como una idea, cualidad o condición”. Lejos de su origen, el simbolismo y los símbolos tienen usos y aplicaciones amplios y diferenciados en campos diversos que abarcan las matemáticas, la geometría, la lingüística, la filosofía, la antropología, el arte, la crítica literaria, el teatro, la religión y más importante aún, la vida diaria. Como Francmasones cada vez más reconocemos el profuso, efectivo y dominante uso de los símbolos en nuestros rituales y en nuestra literatura.
Flumini ha descrito un símbolo como “cualquier elemento que refiera a otro independientemente de los métodos por medio de los cuales el otro esté representado”. El prerrequisito de un símbolo es que “él debe dar cuenta de la presencia de lo representado de una manera inmediatamente efectiva”, y no debe ser “convencional”. El carácter distintivo de un símbolo es que éste debe instantáneamente “comunicar” o inmediatamente pulsar una cuerda en la “mente y en el corazón” del lector, el observador o el perceptor que “lo representativo mismo tome parte en la realidad representada” otorgándole así una sensibilidad excepcional. En ningún lugar más que en nuestros rituales masónicos se ve en acción tal aplicación simbólica y alegórica con tal gracia, fluidez y felicidad.
El Simbolismo Masónico, tal como está contenido en nuestros rituales, induce en el candidato un instantáneo entendimiento y desarrolla una relación mágica entre la realidad de nuestra vida y experiencia diarias y el símbolo representado. Coleridge ha descrito esto como “la unión entre lo representativo y lo representado”. Goethe ha capturado bellamente su esencia así: “…la misión de la alegoría y del símbolo es conectar lo peculiar con lo universal…una vívida e instantánea revelación de lo inescrutable…La distinción entre alegoría y símbolo es sutil, pero también diferenciable; la alegoría a través del concepto busca algo fuera de sí misma; el símbolo en cambio lo encuentra mostrando inmediatamente nada más que a sí mismo. Es justo a través de su propia evidente razón de existencia que él lleva dentro de sí la esencia de lo universal”. Incluso académicos Masones confiesan que la alegoría y el símbolo son como hermanos siameses- tan integrados e interdependientes que una vivisección intervencionista es no sólo peligrosa si no potencialmente fatal.
El Simbolismo es la piedra misma sobre la cual el edificio de la Francmasonería ha sido construida una superestructura, perfectas en sus partes y en su totalidad. Nosotros sólo podemos maravillarnos ante la sabiduría, la fuerza y la belleza de las herramientas del trabajo simbólico tan acertadamente seleccionadas por nuestros padres fundadores para inculcar las grandes verdades morales por medio de símbolos y aforismos. El Simbolismo entonces es lo que le permite a la Francmasonería su gran extensión y profundidad de significación que varía desde la superficie de la tierra hasta su centro o incluso tan alta como los cielos que la mente pueda imaginar o concebir.
Los símbolos tienen una gran virtud que da cuenta de su amplia difusión y variados usos en la Masonería. Los símbolos son virtualmente inacabables en interpretación, en la medida en que cada nuevo receptor de ellos encuentre el significado más accesible en el horizonte de su conocimiento, y al compás de su bagaje cultural. Para el receptor él nunca es demasiado o demasiado poco, bien sea pobre o rico, letrado o ignorante, ya que el radio del círculo de la interpretación puede ser modificado para adaptarse a la persona y a la personalidad. El simbolismo siempre oculta lo suficiente para preservar el inexplicable misterio que encierra. “ Así como el punto central de un círculo es siempre equidistante de su circunferencia, el simbolismo trasciende lo finito del espacio y el tiempo, y eleva aquellos pensamientos simbólicamente deducidos hasta un nivel sublime, dotándolos con una etérea cualidad, tan vitalmente necesaria para la autorealización de esa chispa divina que hay en su interior.”Aham Bhramasm".
La Masonería rastrea su historia hasta la Antigüedad. Hay una pregunta fundamental que inquieta al estudiante casual tanto como al académico- ¿hemos de creer que los masones de las guildas medievales la mayoría de los cuales eran analfabetas, concibieron la filosofía masónica completa, agruparon sus símbolos y construyeron sobre éstos el edificio de la Francmasonería, con tan consumada destreza? ¿O es que la humilde y mundana herramienta del albañil fue escogida sólo como un símbolo? ¿Por qué no otros símbolos? ¿Cuál era el objetivo de tan extenso simbolismo? ¿Por qué no fue adoptado un enfoque más directo de instrucción como en los textos religiosos? Tales interrogantes son legión, y ninguna respuesta puede satisfacer una sola o todas, si es que existe alguna. Muchas cosas como el significado de los símbolos, las respuestas a estas inquietantes preguntas han de ser halladas no desde el exterior, sino desde el interior, en la silenciosa contemplación. Basta con decir que esa es la naturaleza de la Simbología Masónica; ella oculta esa enseñanza a aquéllos que no la buscan, sí como se revelará a aquéllos que por su propia voluntad y esfuerzo honestamente intentan rasgar el velo del misterio masónico. Supliquemos al G.·.A.·.D.·.U.·. que los rayos del cielo envíen sus luces para iluminarnos en el estudio del simbolismo masónico a medida que nos movemos ahora hacia su didáctica.
La Didáctica del Simbolismo Masónico
La Masonería simbólicamente habla de tres Luces mayores y tres Luces Menores y en consecuencia ella reconoce la existencia de una jerarquía e importancia en las verdades morales que contiene. Sin duda todas ellas conducen a la gran y única verdad, como declara el Brihadaranyako Upanishad: “Ekam Sath, Vipra Bahuda Vadanti”- la verdad es sólo una, pero se pronuncia distinto y así es con los símbolos masónicos. Es mi tesis especulativa que el panteón masónico de símbolos entero puede ser reducido con fines de un estudio analítico en tres clases de simbolismos mayores y tres menores. Los tres mayores son el simbolismo de la muerte y la inmortalidad, ejemplificado por la Leyenda de Hiram, la aceptación del Supremo Ser Omnificiente, y la profunda introspección “Conócete a Ti Mismo”. Las luces menores son tres y están contenidas en el simbolismo de la logia-en sus formas, sus ornamentos, sus muebles y joyas etc., el simbolismo de los rituales-tales como los llamados, la circunambulación y marchas, el simbolismo de la nobleza del trabajo y el descanso, en la construcción de nuestro templo espiritual- y por ende nuestro destino y el de la humanidad. Éstas, las luces menores, son de fácil comprensión, están expuestas en la logia para que los Hermanos moralicen sobre ellas, y muchos excelentes estudios están disponibles sobre el tema que no es objeto de este ensayo.
De todos los símbolos usados en Masonería, el uso de la Leyenda de Hiram como un símbolo para enseñar, conquistar y preparar la mente masónica en el aterrador tema de la muerte sigue siendo supremo. Se dice que la muerte es lo único concomitante con el nacimiento. En esta gran e insuperada lección que el Ritual de Exaltación enseña, su importancia e impacto va más allá aún que la religión, en la agotadora física y espiritualmente experiencia que brinda, y la transformación que ella efectúa en toda mente reflexiva. Ninguna religión contemporánea ofrece una tan sobrecogedora experiencia.
Mackey ha descrito vívidamente los trabajos y fragilidades de la humana existencia de esta manera: “… el Hombre nace a los problemas al instante en que la chispa de la vida aparece en él…las tentaciones agobian su juventud, las desgracias ensombrecen el camino de su vida, y en su vejez es atormentado por la enfermedad y las dolencias”. El sublime simbolismo de una resurrección de la tumba y un renacimiento a una vida futura, es hermosamente simbolizado en la leyenda de Hiram cuando el cuerpo del Maestro es trasladado de la poluta tumba dentro de la cual fue arrojado por sus asesinos (léase nuestra mortal existencia en esta tierra), su descubrimiento (léase emancipación espiritual) y su sepulcral internación (léase liberación del alma o moksha) son tan figuradamente simbólicos de la gran verdad de la vida, de la muerte y de la inmortalidad del alma. Ella pinta también la verdad universal que la muerte mística debe preceder al renacimiento místico- “debes saber que has de nacer de nuevo”.
Los Vedas y Upanishads afirman que el néctar, o conocimiento ambrósico del Paramatman, es buscado no sólo por los humanos, sino también por los celestiales. Tal es la divinidad de la existencia humana. Hay una fuerte analogía de la Exaltación Masónica y el principio de “Jeevanmutktha” propugnado por Srisankara como la piedra angular de la filosofía Advaita. Ella establece que alguien que haya alcanzado la liberación, la libertad y la inmortalidad estando bajo aún bajo su forma corpórea es verdaderamente un Jeevanmuktha Muchos en Occidente han dudado de que esto sea posible, y arguyen que sólo la muerte puede liberar el alma. Kathopanishad declara (II-6-4):
“Cedasad boddhum prah Sarirasya Visrasah Tatah Sargesu lokeshu Sariratvaya kalpate”.
“Si uno es capaz de comprenderlo antes de la muerte del cuerpo, será liberado de las ataduras del mundo”.
La inmortalidad es el gran objetivo y la meta final de la batalla de la evolución, y el hombre es el único ser que puede acelerar su evolución espiritual, y alcanzar así “Kaivalya mukthi”.
Es también especulación mía que la Masonería nos equipa con una herramienta para alcanzar este objetivo y que su simbolismo deberá ser entendido bajo esta luz. Que éste era el propósito del ritual es evidente en los escritos del gran maestro masón Mackey, que escribió: “…el diseño entero de la Francmasonería, es decir, que cuando el hombre haya sobrepasado las puertas de la vida y haya arribado al inexorable fin de la muerte, será entonces elevado a la ominificiente palabra del G.·.A.·.D.·.U.·. desde el tiempo hasta la eternidad; desde la tumba de la corrupción hasta las cámaras de la esperanza; desde la oscuridad de la muerte hasta los rayos celestiales de la vida y que su espíritu descorporizado será conducido tan cerca al santo de santos de la divina presencia como la humanidad nunca podrá aproximarse a la divinidad”. La única precaución frente a este símbolo masónico, es que él tiene que ser entendido completamente por el Masón y tristemente esto es exactamente lo que hoy nos está haciendo falta.
La segunda gran luz de la Francmasonería está basada en su más importante "Landmark", la aceptación de la existencia de un Ser Supremo- el omnipresente, omnisciente y omnipotente Dios, el concepto de inmortalidad del alma, y la naturaleza trinitaria del hombre. En nuestros rituales hay un constante recordatorio de nuestra relación simbólica con Dios, que incluso reconoce la relación de la criatura con su creador. El compás tiene uno de sus brazos firmemente fijado a este simbolismo junto con el "Landmark" masónico de “creencia en el Ser Supremo y en la inmortalidad de las almas”. La Biblia en Génesis (1:26-27) afirma “..y Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen según nuestra propia voluntad”. La naturaleza trinitaria de Dios es bien conocida, especialmente para nosotros en India, ya que la Trimurtis – Brahma, Vishnu, Maheswara – simboliza los aspectos creativos, preservativos y destructivos alias shristi, stithi, y samhara. La naturaleza trinitaria del hombre formado a imagen de Dios, no es por tanto difícil de entender, aunque diversos símbolos e interpretaciones han sido adscritos a ella. Uno de ellos y quizás el más aceptado es la naturaleza trinitaria por cuerpo, alma y espíritu, que encuentra extenso y simbólico uso en los rituales masónicos; tres grados, tres golpes, tres mayores y tres menores luces, tres oficilías principales, tres rufianes, tres perambulaciones, tres rosetas en el mandil, el triángulo con tres lados y ejemplos similares.
Los Antiguos postulaban que el hombre trinitario para ser completo y simbólicamente representado es con un triángulo rectángulo que es igual en sus partes y ángulos, siendo así perfecto en sus partes y por lo tanto en su totalidad. Se cree que paso a paso y por progresión lógica, el hombre puede ascender la escalera espiritual de Jacob para alcanzar la cabeza de Dios, lo que se establece en la doctrina hindú como “kramamukthi”.
El progreso simbólico del hombre trinitario según Ward , es descrito en los golpes de los respectivos grados, con los golpes separados del primero, simbolizando la variabilidad del cuerpo, el alma y el espíritu con respecto al del hombre no iniciado. En el segundo como lo sugiere el golpe – ½, el alma y el cuerpo están al unísono con el espíritu aún variando. En el tercer grado – 2/1, indica que el espíritu domina al alma y está en unión con ella, habiendo caído el cuerpo en la insignificancia, de la manera como apartamos esta envoltura mortal.
Como todos los caminos conducen a Roma, existen muchos senderos en esta empresa de la auto-realización. Swami Vivekenanda nuestro santamente masón, ha indicado que hay cuatro rutas, a saber, Karma Yoga, Bhakthi Yoga, Raja Yoga y Gnana Yoga, que los masones y profanos pueden asumir con la humilde pero decidida esperanza de alcanzar el destino de “Mukthi” o liberación. La rendición del Alma al Espíritu y la fusión de los dos en la teosofía hindú se denomina “Mumukshathvam” y la analogía masónica es toda muy obvia.
El uso del compás en la Francmasonería tiene también un gran simbolismo en este contexto. Uno de los brazos del Compás invariablemente descansa sobre el centro sin importar cuán apartado esté el otro brazo de Dios la chispa divina dentro de nosotros, el Atman nunca puede ser separado realmente de él o fallar del centro. Este punto central fue designado como un “bindu” – que no tiene forma ni tamaño, representa el infinito y lo desconocido, y es así simbólico del Espíritu o del Paramatman de donde todos hemos venido y a donde en últimas retornaremos. Así con el Compás, el punto central es simbólicamente el espíritu, la cabeza del compás con la cual asimos el instrumento es el alma y la circunferencia que él traza, el cuerpo. En el centro del círculo como lo establece nuestro ritual, encontraremos el secreto perdido, el inefable nombre de Dios.
Un estudio profundo de la Orden y de nuestros rituales revelará que ellos siempre exhortan al candidato a fortalecer sus vínculos con su Creador, viviendo según sus Leyes divinas. La dominación de los sentidos, la moralidad, la verdad, la caridad, la tolerancia, la fortaleza, la prudencia y otros atributos sublimes del hombre es lo que el simbolismo masónico inculca. El Venerable Albert Pike escribió: “ La Francmasonería es la subyugación de lo humano que hay en el hombre por lo divino; la derrota de los apetitos y pasiones por el sentido moral y la razón; una continua batalla, una guerra, un esfuerzo de lo espiritual contra lo material y sensual”. Diariamente estamos confrontados por los mismos tres rufianes que acosaron a nuestro Maestro Hiram Abif para que les revelara los secretos. Ellos son simbólicos de los tres grandes torturadores de la carne humana en nuestra existencia sobre esta tierra, a saber, kama, krodha y moha, lujuria, ira y deseo. La Sagrada Biblia (1 Juan, 2:16) los llama “la lujuria de la carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida”. La masonería nos enseña simbólicamente que podemos derrotarlas, y ser una forma de vida imitando el ejemplo de aquel célebre artista que representamos, recordando su firme determinación a pesar de los golpes de los tres rufianes que lo hicieron tambalear y caer de rodillas. La Masonería pues tiene que ser una forma de vida, nunca apartándonos de nuestros deberes, violando nuestros juramentos (léase conciencia) o traicionando nuestra confianza sino siempre permaneciendo sinceros y fieles a nosotros mismos y a Dios.
La tercera gran luz del simbolismo masónico en mi tesis es el Conocimiento de Sí mismo, como se evidencia en la declaración de responsabilidad después de la Exaltación: “que los emblemas de la inmortalidad te acompañen, te conduzcan a contemplar tu inevitable destino y guíen tus reflexiones hacia el más interesante de todos los estudios humanos, el conocimiento de ti mismo”. “Conócete a ti mismo y llegarás a conocer el Universo y a Dios” era el mandato comúnmente visto escrito en los antiguos templos de iniciación, porque este conocimiento de sí mismo era la clave para todos los secretos y misterios. La masonería, aunque diseñada para fundamentalmente para realizar este gran objetivo, en la práctica no le asegura al candidato ninguna iluminación después que el candidato transite a través de la Orden o de los Grados Superiores. Como afirma Ward “ no obstante hay que anotar que el logro tan posible para nosotros como nuestro destino, hacia esa ruta de auto perfeccionamiento para aquéllos que se atreven y la siguen, es que la Moderna Francmasonería fue establecida… Y es sobre este mundo interior y el paso hacia y a través de él que la Masonería promete Luz…ésta es la única intención y el único ánimo de la Masonería”. La plegaria de Sócrates fue “Oh, Dios ayúdame a ser un bello hombre interior, que las cosas externas sean una con las internas…”.
Que no necesitamos buscar lejos, sino buscar la iluminación dentro de nosotros mismos es la gran lección que las escrituras nos legaron. Marco Aurelio dijo “…está abierto para ti cada hora retirarte hacia dentro de ti mismo. Y¿ dónde puede el hombre encontrar más sosiego, más tranquilo refugio que en su alma?”. Más adelante se extiende: “ cava dentro de ti mismo. Allí yace la fuente del bien – una fuente cuyas aguas manarán por siempre, si tú no dejas de excavar nunca”. La búsqueda y el descubrimiento del Yo se denomina “paradivya” en la tradición india, siendo de orden inferior todo el restante conocimiento (“aparavdya”)- ya que el primero brinda la verdadera iluminación, y la paz del alma, mientras que el segundo aporta sólo “trozos de mente”¡ Paradivya es la que conduce a la mente humana al estado de “sat-chit-ananda”- de inmortal felicidad.
Se dice que aquél que sepa sobre el Brahman verdaderamente se convierte en él; “Bhramavit Brahmaiva Bhavati”. Éste es el gran principio enunciado en la sentencia “Tat Twam Asi” – Ése eres tú—. Esta es la luz que un masón admite ser el predominante deseo del corazón al solicitar admisión dentro de la Masonería.
Así, el sumum bonum del tema objeto de la Francmasonería es la realización simbólica de la relación entre el Espíritu y la Materia, entre el Cielo y la Tierra, entre Dios y el Hombre y entre el Alma y el Cuerpo. La aceptación de la paternidad de Dios implica la hermandad de los hombres y concordantemente aquél que se dedica al servicio de los demás demuestra a través de esta relación fraternal su descendencia del Padre de Todos. Nos enseña además que aún grandes símbolos están ensombrecidos en la persona del hombre mismo; que es en este mismo Homo Sapiens en donde debe ser abierta la verdadera Logia; que es en este piso ajedrezado en donde han de ser descubiertos, asimilados y aplicados los grandes misterios y las grandes verdades de la naturaleza y de la ciencia; que es en este templo espiritual invisiblemente construído en nuestros corazones, protegido contra todas las pasiones malignas, en donde trabajar para descubrir el vital e inmortal principio, cuya elevación dentro de la voluntad traerá paz y salvación en esta vida mortal e inmortalidad posteriormente.
Y así, a través de la luz y la oscuridad
Levántanos, Gran Maestro hasta que seamos
Uno contigo, en la Indecible
Gloria de tu Presencia en el Oriente.
¡Que así sea!
AUTOR: V.·.H.·. Dr. K. Jyothindra Kumar Worshipful Master (2007) de la Logia Ananthapadmanabha.(n.280), Gran Logia de India. Es miembro de las Logias L. Aruvi n.293 y Kerala Master Lodge n.309 (GLI), Holy Royal Arch Chapter, Mark, RAM Cónclave, Rose Croix, Allied Masonic Degrees, Cryptic Council-RSM y miembro de Acacia Research Lodge, Chennai.
TRADUCCIÓN: ALONSO BERRÍO CÁRDENAS, M.·.M.·. de la R.·.L.·.S.·.ARMONÍA nº 39, Or.·.Medellín, Gran Logia de Colombia.
NOTA: Este trabajo fue considerado como el Mejor Ensayo en la Competición de Ensayos de la Gran Logia de India-2004 y premiado con M.W.the Grandmaster’s Rolling Trophy.
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