88  LA TERCERA INTERNACIONAL, CONTRA LA FRANCMASONERÍA  —


     Decidida a superar las debilidades organizativas de la IIª Internacional que favorecieron su hundimiento en 1914, la Internacional comunista luchó por la eliminación total de los elementos esotéricos de sus filas. En 1922, frente a la infiltración en el PC francés de elementos pertenecientes a la francmasonería y que estaban gangrenando el Partido desde su fundación en Tours, el IVº Congreso de la Internacional, en su «Resolución sobre la cuestión francesa», hubo de reafirmar los principios de clase en los siguientes términos:

     «La incompatibilidad entre la francmasonería y el socialismo era considerada como evidente para la mayoría de los partidos de la Segunda  internacional (...) Si el IIº Congreso de la Internacional comunista no formuló, entre las condiciones de adhesión a la Internacional, ningún punto especial sobre la incompatibilidad del comunismo con la francmasonería, fue porque este principio figura en una resolución separada, votada por unanimidad en el Congreso.

    El hecho de que se revelara inesperadamente en el IVº Congreso de la Internacional comunista, la pertenencia de un número considerable de comunistas franceses a logias masónicas, es, a criterio de la Internacional comunista, el testimonio más manifiesto y a la vez lamentable, de que nuestro Partido francés ha conservado, no sólo la herencia psicológica de la época del reformismo, del parlamentarismo y del patrioterismo, sino también vinculaciones muy concretas y muy comprometedoras, por tratarse de la cúspide del Partido, con las instituciones secretas, políticas y arribistas de la burguesía radical (...)

     La Internacional considera que es indispensable poner fin, de una vez por todas, a esas vinculaciones, comprometedoras y desmoralizantes, de la cúspide del Partido comunista con las organizaciones políticas de la burguesía. El honor del proletariado de Francia exige que el Partido depure todas sus organizaciones de clase, de elementos que pretenden pertenecer simultáneamente a los dos campos en lucha.

     El Congreso encomienda al Comité central del Partido comunista francés la tarea de liquidar, antes del 1º de enero de 1923, todas las vinculaciones del Partido, en la persona de algunos de sus miembros y de sus grupos, con la francmasonería. Todo aquel que, antes del 1º de enero, no haya declarado abiertamente a su organización y hecho público a través de la prensa del Partido, su ruptura total con la francmasonería, queda automáticamente excluido del Partido comunista sin derecho a reafilarse en el futuro. El ocultamiento de su condición de francmasón, será considerado como penetración en el Partido de un agente del enemigo, y arrojará sobre el individuo en cuestión una mancha de ignominia ante todo el proletariado».

     En nombre de la Internacional, Trotski denunció la existencia de vínculos entre «la francmasonería y las instituciones del Partido, el Comité de redacción, el Comité central» en Francia.

     «La Liga de los derechos humanos y la francmasonería son instrumentos de la burguesía para distraer la conciencia de los representantes del proletariado francés. Declaramos una guerra sin cuartel a tales métodos pues constituyen un arma secreta e insidiosa del arsenal burgués. Debe liberarse al partido de esos elementos»(Trotski, La voz de la Internacional: el movimiento comunista en Francia).

     Del mismo modo, el delegado del Partido comunista alemán (KPD) en el IIIº Congreso del Partido comunista italiano en Roma, al referirse a las tesis sobre la táctica comunista presentadas por Bordiga y Terracini, afirmó «... el carácter irreconciliable evidente de la pertenencia al Partido comunista y a otro Partido, se aplica además de la práctica política, también a aquellos movimientos que, a pesar de su carácter político, no tienen ni el nombre ni la organización de un partido (... )Entre estos destaca especialmente la francmasonería» («Las tesis italianas», Paul Butcher, en La Internacional, 1922).

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