86 LAS MASONERÍAS, LA ANTIGUA OPERATIVA Y LA ACTUAL ESPECULATIVA —
Introduzcámonos en el tema desde la perspectiva de lo que puede hacer cualquier persona, esto es, consultando un buen Diccionario Masónico —por ejemplo, Diccionario Enciclopédico de la Masonería, de Lorenzo Frau Abrines, edición 1960—, el que dice lo siguiente sobre el término “masonería”:
— Masonería: “… significa lo mismo que Francmasonería y ambos términos se emplean indistintamente. La Masonería es un sistema moral dentro del que caben los principios y creencias de todos los hombres amantes de la humanidad y del progreso y dotado de rectitud de criterio y buena voluntad. Por su etimología, esta palabra significa albañilería o arte de edificar y se deriva de las antiguas corporaciones de masones o constructores libres; pero este sentido tiene actualmente un valor puramente simbólico, ya que la Masonería moderna se consagra a la edificación moral de las sociedades por medio del trabajo y el ejercicio de todas las virtudes. La Masonería persigue un fin exclusivamente moral y opera en el campo libre de la filosofía y de las enseñanzas del espíritu. Su fin inmediato es la práctica de la filantropía en todas sus manifestaciones. Su fin ulterior consiste en el perfeccionamiento de la humanidad. Sus símbolos y secretos, que se derivan en gran parte de los misterios de la antiguas iniciaciones y de la leyenda bíblica, sirven para que sus miembros se reconozcan y se ayuden mutuamente dondequiera que se encuentren y pueden ser comprendidos siguiendo una progresión gradual de enseñanzas, para adquirir las cuales solamente se necesita aplicación y estudio….”
Con esta explicación, normalmente, tanto iniciados como profanos, se muestran del todo cómodos y satisfechos; sin embargo, a la luz del estudio y la investigación, surge tal cantidad de elementos que la mayoría de las veces son causa de sorpresa y admiración. Entremos en materia.
La Masonería Operativa antigua
El estado actual ya no permite mantener la menor actitud ambigua ante ciertas cuestiones críticas desde el punto de vista de la doctrina iniciática tradicional. El hermano René Guénon marcó con claridad la neta superioridad de la Masonería Operativa antigua frente a la Masonería Especulativa moderna. Dicha superioridad se comprueba fácilmente en que la Masonería Operativa, siendo la fuente y origen de la Masonería Especulativa moderna, es completa en sí misma pues posee los tres elementos necesarios para ello, a saber :
- Una filiación ininterrumpida.
- Una doctrina tradicional.
- Un método de realización espiritual.
En cambio, la Masonería especulativa moderna , si bien comparte la misma filiación iniciática con la Masonería operativa pues no es más que una rama desviada de la misma. Ha olvidado o desvirtuado gran parte de la doctrina iniciática —especialmente la parte que utiliza a la Geometría como soporte— que se expresa por medio de símbolos y también ha perdido totalmente el método de realización espiritual que sirve para llevar a la práctica lo que enseña la doctrina.
En la época en la cual Guénon escribió el artículo homónimo a éste, era una opinión generalizada —mezcla de ignorancia, mala fe y presunción— que el paso de lo operativo a lo especulativo había constituido un “progreso” puesto que a la nueva Masonería habían ingresado personajes de mayor cultura y refinamiento. Este criterio totalmente profano, clasista y exterior, confundía el “saber hacer” con las auténticas cualidades iniciáticas necesarias y adecuadas.
Por otra parte, confundir a los masones operativos exclusivamente con picapedreros ignorantes es erróneo, además de insidioso. Ya en el siglo XVIII el caballero escocés Andrew M. Ramsay había advertido acerca que “nuestros antecesores no eran meros obreros de la piedra”.
También René Guénon señaló que dentro de lo operativo se debe distinguir “un sentido superior“, por encima de lo meramente gremial —corporativo, decía Guénon—, representado por “los obreros de la piedra“ y afirma que los operadores de ese “sentido superior“ eran “los inspiradores hermetistas” que habían organizado la Masonería operativa medieval.
Según René Guénon, todas las religiones poseen un núcleo esotérico, que por su complejidad simbólica permanece oculto para la mayoría de los creyentes, y el significado real de los rituales religiosos sería solo comprendido por los iniciados. El deseo de una síntesis de todos los saberes de la humanidad ha impulsado a algunas doctrinas sincréticas, como la Sinarquía de Saint-Yves d'Alveydre y la Teosofía de Helena P. Blavatsky, a intentar recuperar y unificar las tradiciones de todas las culturas y de todos los tiempos. Entre esos “inspiradores hermetistas“ deben contarse un conglomerado de organizaciones que, en distintos grados y responsabilidades, participaron posteriormente en la formación de otras organizaciones iniciáticas (por lo tanto esotéricas) occidentales. Entre las primeras se menciona, generalmente, a los “Templarios”, los “Fedeli d’Amore”, los “Rosa+Cruz”, ciertas tarikas sufíes, etc. mientras que dentro de las segundas figuran la Franc-Masonería tradicional, los rosacrucianos, los “Filósofos Desconocidos”, “L’Estoile Internelle”, “les Chevaliers du Divin Paraclet”, “les Chevaliers-Maçons, Elus de Martines de Pasqually”, etc.
Hay que reconocer que René Guenón fue un personaje complejo, misterioso y en ocasiones contradictorio, y en este punto, a mi entender, desvaría bastante, pues hace esta mezcla tan compleja de ideas y asociaciones de la que es bastante difícil sacar algo concreto y positivo.
Otra cuestión que merece una aclaración aparte es la confusión malintencionada entre “Masonería Aceptada” y “Masonería Especulativa”.En efecto, estos dos términos distan de ser sinónimos: la Masonería Aceptada es una parte integrante de la Masonería antigua y acompaña regularmente a la Masonería Operativa desde sus orígenes. Sus miembros, los Aceptados, no eran “del Oficio” sino que pertenecían o bien a la nobleza, a la religión o a la medicina.
Resumiendo, la Masonería Tradicional Antigua estaba compuesta por los siguientes estamentos:
- Masonería Operativa Espiritual: practicada por los “inspiradores hermetistas” antes mencionados. Los Caballeros-Masones Elegidos de Martines de Pasqually, según Guénon, habrían sido unos de los últimos representantes.
- Masonería Operativa Material: son los “obreros de la piedra“ que construyeron las catedrales medievales y a los que aludía el Caballero Ramsay.
- Masonería Aceptada: en las Logias Operativas, como el médico, el capellán (“Brother of Jakim”, Hermano de Jakim), principalmente, y algún benefactor en particular, eran miembros “Aceptados”.
Estos tres estamentos estaban armónica y jerárquicamente integrados en un todo que unía, en la consecución de la Gran Obra, a los distintos estados de existencia según el principio hermético de “materializar el espíritu y espiritualizar la materia”.
Finalmente, es necesario recordar que varios autores, entre ellos René Guénon, afirmó claramente que la única vía de restauración de la auténtica Masonería es el abandono del “Especulativismo” y el retorno a las fuentes “Operativas” y que la única regularidad auténtica es la iniciática. Este retorno a los orígenes implica necesariamente una reforma drástica de los Ritos y rituales, pues de ninguna manera es suficiente declararse “Operativo” para obtener algún resultado efectivo en el plano iniciático. El lamentable y lógico fracaso de las logias, “La Grande Triade” ( La Gran Triada), ilustra la ingenua imposibilidad de intentar un retorno hacia la tradición dentro de una Obediencia especulativa.
La Masonería Especulativa en el presente
En la actualidad, podemos decir, que la “masonería especulativa” desde principios del siglo XVIII hasta el día de hoy, no ha variado demasiado. O sea, que desde aquellos tiempos, la Masonería Especulativa moderna se encuentra sometida a sus propias contradicciones y defectos de origen, es decir, se trata de una masonería cismática con respecto a la Masonería Operativa antigua, incompleta en sus tres Grados simbólicos, incoherente en sus Altos Grados y finalmente desviada en sus aplicaciones profanas.
La Masonería Especulativa moderna, surgida en 1717 como un rechazo a la Masonería Operativa, está dividida entre dos corrientes principales, a saber: la Masonería anglosajona y la llamada Masonería “latina”. En términos muy generales, podemos decir que la primera de las corrientes mencionadas, está liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI) y la segunda está inspirada en la concepción de la Masonería propia del Gran Oriente de Francia (GODF).
La concepción de la Masonería anglosajona está basada en el moralismo protestante que concibe a la Masonería Especulativa como – justamente – “un sistema de moralidad velado por alegorías e ilustrado por símbolos”. Como puede observarse, el plano propiamente iniciático, como diferente y superior al religioso, no se tiene en cuenta y se les escapa por arte de magia. Por su parte, la corriente “latina”, inspirada por el Gran Oriente de Francia, concibe a la Masonería como una herramienta del pensamiento social, progresista y laicista. Esta corriente se autodefine como “liberal, laicista y adogmática”.
Sus miembros han redefinido el término “adogmático” particularmente en relación al dogmatismo religioso pero, en realidad, originalmente este término de “dogmático”, dentro de la literatura masónica, está referido específicamente a la obra de Albert Pike, eminente masón norteamericano del siglo XIX, autor del libro titulado “Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Rite of Freemasonry” ( Moralidad y Dogma del Rito Antiguo y Aceptado de la Francmasonería), en el cual define el contenido doctrinario, en forma muy ecléctica, de los distintos altos Grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Pero ocurre que, aún ese eclecticismo algo confuso, resulta molesto para una corriente de pensamiento masónico que tiene por principal objetivo las cuestiones sociales, políticas, laicistas, ideológicas, etc. En definitiva, consciente o inconscientemente, a esta corriente masónica racionalista lo que verdaderamente le molesta es la idea de lo sagrado y que, de una forma u otra, está implícita en todos los rituales masónicos originarios. De aquí surge, para esta corriente laicista, el imperativo de revisar, expurgar y alterar los Rituales suprimiendo todas las alusiones a la trascendencia y a la espiritualidad que figuran en ellos. Por supuesto que lo hacen en nombre de una aparente progresismo o “modernización” y de una imposible “espiritualidad laica”, verdadera contradicción de los términos empleados.
Los Altos Grados
Si observamos con atención, veremos que por encima de de los tres Grados comunes a toda la Masonería Especulativa, – Aprendiz, Compañero y Maestro – existen distintas series de Grados que, por lo general, dan nombre al Rito o sistema masónico correspondiente. El ejemplo más conocido es el llamado Rito Escocés Antiguo y Aceptado con treinta y tres Grados, pero existen otros cuantos. Por ejemplo, el Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Misraim con noventa y seis grados, el Rito Escocés Rectificado con nueve u once Grados según se mire, el de Heredom de Kilwinning con siete Grados, el Francés, que a pesar del nombre es un Rito Escocés, también con siete Grados y otros pocos más sobrevivientes de la gran eclosión de Grados y Ritos, de diverso valor iniciático, ocurrida en el siglo XVIII. Pues bien, estos sistemas de Altos Grados, como hemos dicho, están compuestos por mayor o menor cantidad de Grados superiores por encima del Tercero, pero el nudo del sistema reside en que, entre ellos, no hay coherencia cronológica en sus leyendas iniciáticas y constituyen una fuente permanente de confusión para los iniciados que los reciben y practican.
Una leyenda iniciática (RAE- leyenda: relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración) es un relato tradicional sobre el cual se basa el Ritual de un grado determinado. Muchos de ellos tienen un apoyo en la Biblia o en relatos y doctrinas caballerescas, herméticas, alquímicas, sacerdotales, etc. Por ejemplo, el ciclo de relatos referidos a la construcción del Templo de Salomón, contiene varios temas conexos como la muerte del arquitecto Hiram Abbíf, la Piedra rechazada por los constructores (el Caput Anguli), la búsqueda del sustituto de Hiram, etc. Posteriormente aparecen otros grados referidos a las Cruzadas; a la reconstrucción de los Templos cristianos en Palestina; a la epopeya de los Templarios; a sus sucesores, etc. Ahora bien, estos grados deberían estar ordenados cronológicamente en sus relatos iniciáticos para que resulten operativos en sus consecuencias, pero esto dista mucho de ser así. Por otra parte, estos Altos Grados deberían clasificarse en diferentes categorías según su afinidad temática. Algo así pareciera ocurrir en los orígenes del Rito Escocés Antiguo y Aceptado cuando se agrupaban ciertos Grados y se los calificaban, por ejemplo, de “filosóficos” o sea que pertenecían al Hermetismo o Filosofía del Fuego, es decir, a la Alquimia. Nada tiene que ver esto con posteriores interpretaciones desviadas y modernas que pretenden que se les asimilase a una filosofía profana cualquiera.
Hay masones que piensan que estos Grados “filosóficos”, están relacionados con el pensamiento académico y profano de un Bergson, Sartre, Kant, Hegel, Krausse o cualquier otro. Como resultado de todo esto, tenemos que no existe una progresión organizada de conocimientos y de símbolos que, de Grado en Grado, eleven espiritualmente al iniciado.
Los Altos Grados masónicos constituyen un patrimonio tradicional y simbólico irreemplazable para Occidente. Allí se encuentran los vestigios de antiguas Órdenes y Fraternidades medievales ya desaparecidas como gérmenes dispuestos a florecer nuevamente cuando las condiciones cíclicas sean nuevamente favorables. Hace años, alguien equivocadamente, calificó los Altos Grados masónicos como “el panteón de las iniciaciones muertas”. Craso y terrible error, pues en realidad, se trata de “iniciaciones dormidas”. Son las semillas que reverdecerán en el futuro. Los sistemas de muchos Altos Grados, especialmente en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado que es el más difundido en todo el mundo con sus 33 Grados y el de Memphis-Misraim, que es el más extenso con sus 96 Grados, han cumplido y cumplen, un rol insustituible en la conservación de los anteriormente citados Altos Grados masónicos pero, por su propia estructura asincrónica, no están preparados para servir de base a una realización iniciática efectiva, quedando en cambio, en el plano de la iniciación virtual. Es interesante recordar que los Altos Grados son pre-existentes a los Ritos Masónicos que, en definitiva, son colecciones, muchas veces arbitrarias, de grados superpuestos.
Lo incompleto de la Masonería Especulativa
Este es un punto grave y poco conocido por razones obvias. Se ha ocultado el hecho de que la Masonería Operativa antigua y tradicional, de ninguna manera, estaba constituida por dos o tres Grados sino que, por el contrario, constaba – y consta – de siete Grados. “Consta”, porque la forma antigua de trabajo masónico no ha desaparecido, como muchos quisieran creer, sino que se ha ocultado desde la aparición de la pseudo-masonería moderna a partir de 1717. Entonces, debemos comenzar a poner blanco sobre negro y desmontar ciertas fábulas que sirvan de tapadera a la destrucción de un sistema de trabajos probado por siglos y que contemplaba la generación de la piedra desde la cantera hasta su colocación en los muros. Es muy clara la aplicación espiritual de este simbolismo pétreo y no es éste el momento para profundizarlo. Sin embargo, es importante señalar que la existencia de siete Grados operativos no es, de ningún modo, arbitraria sino que señala el itinerario de la piedra desde la cantera pasando por los distintos Grados de pulimiento, marcado y perfección hasta su colocación en el muro. Este itinerario de trabajo artesanal – y también iniciático cuando se tiene conciencia de ello – fue desarticulado de un plumazo al quitar, primeramente, cinco grados del sistema Operativo, reduciéndolo a solo dos, para al comprobar lo inestable de tal sistema dual, incorporar un Tercer Grado.
Para agregar este Tercer Grado, se tomó como base lo que era una ceremonia anual de los Operativos destinada a conmemorar el asesinato de Hiram Abbí, el arquitecto del Templo de Jerusalén. Esta ceremonia también sirve para reemplazar al Tercer Gran Maestre Operativo que representa a Hiram Abbí. De esta manera, se soluciona también el enigma de los orígenes del Grado de Maestro especulativo que ha desvelado a muchos masones estudiosos que deseaban aclarar el tema. Sin embargo, es necesario decir que, desde el punto de vista del Sistema de Trabajo de la Masonería Operativa, este Tercer Grado “no” es el de Maestro Masón, sino el de Maestro de Logia, que es una cosa totalmente distinta pues un Compañero Superior puede perfectamente actuar como Maestro en una Logia de Aprendices o Compañeros nuevos. Para la Masonería Operativa, antigua y tradicional, la Verdadera Maestría Masónica corresponde a los Maestros Perfectos que aprobaron los exámenes técnicos correspondientes y que estén en posesión de los auténticos secretos del cuarto, quinto y sexto Grados, en tanto que el séptimo Grado está reservado exclusivamente para los Tres Grandes Maestros que representan respectivamente a Salomón, Hiram de Tiro e Hiram Abbí.
Las consecuencias que se deprenden de estos hechos, son muchas y muy graves. Por ejemplo, en estrictos términos técnico-masónicos, todos los “Maestros Masones” especulativos son, en realidad, Compañeros Superiores o Avanzados que pueden desempeñarse “como” Maestros de una Logia, pero están lejos de ser auténticos Maestros Masones con todos los conocimientos geométricos, rituales, simbólicos y doctrinarios inherentes a la auténtica Maestría. Esta realidad es ocultada y negada por todas las Obediencias Especulativas, sean británicas o “latinas”, pues pone en tela de juicio, no que sean iniciados masones, sino la cualidad del Grado que dicen poseer. Sería algo así como una usurpación de títulos y honores. Algo muy triste y decepcionante para la inmensa mayoría de los “Maestros” Masones especulativos, que de buena fe, creen ser lo que no son y repiten y retransmiten ritualmente el error originario de 1717. Esta es la causa de que todos los Masones Especulativos que se afilian a una Obediencia Operativa deban ser regularizados en el Grado de Compañero y en el de Maestro (de Logia) para equipararse con los Masones Operativos poseedores de dichos Grados, pues aquí se trata simplemente de conocimientos faltantes y de la necesidad de suplirlos.
Entre otros conocimientos faltantes, podría mencionarse, por ejemplo, que la Masonería occidental está basada principalmente en el ciclo bíblico de la construcción del Templo de Salomón, en su reconstrucción por “Zorobabel” y en el Templo del Espíritu Santo. En este ciclo aparecen varios relatos sagrados como el asesinato de Hiram Abbí el arquitecto del Templo de Jerusalén, la búsqueda de su sucesor, la organización de los constructores en Logias, la Piedra rechazada por los constructores que se convirtió en la Cabecera del Angulo (Caput Anguli) y otros tantos que se convirtieron en las Leyendas Iniciáticas de diversos Grados Masónicos dispersos en diferentes Ritos. Estas leyendas Iniciáticas están perfectamente ordenadas y representadas en la Masonería Operativa antigua y tradicional pero, lamentablemente, la Masonería Especulativa moderna ha descalabrado y simplificado el sistema de trabajo original expurgando y quitando ciertas Leyendas fundamentales. Una de ellas es la de la Piedra rechazada por los constructores que es el verdadero núcleo del Grado de Compañero, por no decir que es el Grado de Compañero en sí. Por esta causa se debe regularizar a los Compañeros que provienen de Obediencias Especulativas cuando ingresan a una Logia Operativa, pues desconocen una parte fundamental de la historia y del Ritual masónico universal. Otro tanto ocurre con el Tercer Grado especulativo de Maestro – Maestro de Logia según el sistema Operativo – pero nunca Maestro Masón, que implica un profundo conocimiento teórico-práctico y la aprobación de los respectivos exámenes de suficiencia.
Otras consecuencias que saltan a la vista y la más notoria, fue el vaciamiento doctrinal y ritual del Grado antiguo de Compañero del Oficio, cuya leyenda iniciática se centraba en el simbolismo de la Piedra rechazada por los constructores que se convirtió en la cabecera del ángulo con una sólida base Vetero y Neo Testamentaria pues figura en ambas partes de la Biblia. Este vacío no pasó desapercibido por algunos masones inquietos del siglo XVIII y les preocupó su debilidad. Aquí debemos mencionar, por ejemplo, a Robert Preston, quien trató de llenar ese vacío con suerte regular. A él se le debe la introducción de los párrafos referidos a los cinco sabios de Grecia, a los cinco sentidos, etc., en las Instrucciones del Grado especulativo de Compañero. Preston se ocupó de brindar algo de “cultura general” a la Masonería Especulativa a costa de olvidar las auténticas enseñanzas técnicas de la Masonería Operativa. En un orden más práctico, debemos señalar otras consecuencias técnicas como, por ejemplo, que un masón especulativo podría asistir a una Tenida ordinaria del Grado de Compañero del Oficio de una Logia Operativa, pero no puede asistir a una iniciación de dicho Grado, pues carece de las calificaciones doctrinarias y técnicas imprescindibles para participar en dicho Ritual. Lo mismo ocurre con el Grado de Maestro de Logia, en el que el masón especulativo podría participar en una Tenida ordinaria, pero no en una iniciación, pues debería conocer el Ritual de Instalación al Trono del Rey Salomón con sus respectivos Modos de Reconocimiento.
La Masonería Especulativa podía hacer esfuerzos por recuperar las antiguas prácticas de la Masonería Operativa, pero por falta de conocimientos auténticamente masónicos, caminan en círculos. Por ejemplo, al desconocer completamente lo que son los métodos de realización espiritual, tal como lo recomendaba René Guenón, tratan de inventar algo de acuerdo a lo que ellos piensan que es un método de realización y que, por lo general, solo logran establecer o bien un vago misticismo sentimental o un cierto ascetismo exterior que nada tienen que ver con un método auténtico de realización espiritual. Ya en las primeras décadas del siglo XX, un masón operativo europeo advertía, en los siguientes términos aproximados, sobre lo que se puede esperar de las imposiciones exteriores: “… al día de hoy, la masonería oriental es fiel a la antigua Sabiduría que la masonería moderna ha olvidado, en cuanto a la constitución masónica de 1717 fue una desviación de la recta vía. Las leyes que provienen de su exterior no salvan al hombre, estas leyes siempre son quebrantadas por otras y deben ser reemplazadas… solamente el trabajo de adentro hacia afuera puede traer la salvación. Solamente aquél que conscientemente vive en las leyes divinas y las toma como deber y no como obligación, contribuye al mejoramiento de la humanidad lo que es, a su vez, lo mejor para el individuo: las leyes divinas, son totalmente claras al respecto…”
Finalmente será necesario esperar que ciertas preguntas e inquietudes vayan creciendo y se formulen claramente dentro del campo de la Masonería Especulativa, que algunos Masones avisados se animen a cuestionar, por incompleto y vaciado de contenido, el sistema de los tres Grados de la Masonería Simbólica, que se plantee la incoherencia cronológica y doctrinaria de los Altos Grados de la mayoría de los Ritos Masónicos y que, finalmente una nueva generación de Masones se decidan a retomar a las fuentes originarias las cuales no son – ni pueden ser – otras que las fuentes Operativas antiguas. Mucho se ha perdido y mucho se ha olvidado desde 1717 hasta la fecha y mucho se ha desechado, ocultado y aún prohibido arbitrariamente a partir del coptamiento, por una mentalidad estrecha y discriminatoria propia del positivismo, el laicismo y el supuesto libre-pensamiento del Gran Oriente de Francia y otras Obediencias similares que han sustituido el auténtico conocimiento masónico por una ideología profana, chirle y desviada que deriva de las modas intelectuales de fines del siglo XIX
REFERENCIAS:
Resumen de la entrevista hecha en la Ciudad de México por Teófilo Martínez del Duero al Dr. Jorge Francisco Ferro
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