72  LAS LOGIA ESTÁN TRISTES   —

     Sí.

     Están tristes. Nuestros Hospitalarios no paran de recibir demandas de hermanos que recaban ayuda. Los demás nos resentimos de las circunstancias relegando, para mejor momento “nuestro crecimiento espiritual”…

     El Corazón… ese símbolo que inviste nuestro Hospitalario, nos parece raquítico y le falta latido, y en la mayoría de los casos la humanidad de quien reviste la joya no sabe qué hacer con tanta demanda justa.

     Las planchas leídas en nuestras Tenidas apenas reflejan aquello que nos remuerde nuestra situación real en la Sociedad: Tan malo es mirar continuamente a las Verdades Transcendentales como hundirnos en una cuestión que se resume en ponernos con nuestras manos limpias ante esa apisonadora en la que se ha convertido la Vida intentando detenerla….

     Momentos de crisis…  Nuestros Sacos de la Viuda apenas arrojan unas pequeñas medallas que no solventarían un día al más humilde de los menesterosos… La impotencia es la acompañante amarga de nuestro Hospitalario.

     Se enquista el desánimo y los hermanos deciden que deben abandonar “Los Trabajos Sublimes” para atender a sus familias y a los suyos… Planchas de quite, ausencias sin óbolo se convierten ya en una rutina en los Talleres. Y mientras, el decurso de la Vida nos doblega como un junco ante un vendaval… Quienes aún asistimos a Tenidas y Ágapes lo hacemos mirando la moneda: en el momento del óbolo, en el momento del abono del banquete…; pensando si quizá será mañana cuando eche de menos lo depositado y tenga uno que arrepentirse del gesto de altruismo.

     Nos replegamos así ante nosotros mismos. Y he ahí la grandeza del masón:  Volvemos a reencontrarnos así con el “yo mismo”, con aquella voluntad que un día decidiera ser Iniciada en Misterios que sólo nuestro corazón sabe –sí ese mismo corazón que ahora reclama ayuda para otros-. Y así entramos despojados de nuestros metales la primera vez en el Templo, y el Venerable Maestro nos dijo que había muchas maneras de distribuir nuestro óbolo… a nosotros que en ese momento no teníamos nada en las manos pero que por sus palabras hubiésemos dado nuestra propia vida… El guiño cómplice está en el Hermano Hospitalario, receptor natural de nuestro gesto. Hermano callado que cargado de obligaciones pasa desapercibido entre el mundo de los Oficiales. Proteger el corazón es natural entre el ser vivo, y éste debe estar lleno de sangre y lleno de amor. Lo contrario es un corazón raquítico y con falta de latido ante las cosas que acontece: La logia que padezca esta enfermedad más le valiera abatir sus columnas…

     Desde estas humildes líneas, y habida cuenta de nuestra situación, os hago un alegato a vuestro entendimiento a fin de que no olvidemos nuestros compromisos, porque es el momento para que el Amor Fraterno tenga su momento y su acción.


AUTOR:    Manuel Vitorio  —   27 de noviembre de 2011

FUENTE:  Nueva Latomia

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