36  EL LIBRO BLANCO DEL LAICISMO  —


Introducción

     El Laicismo es un concepto relativamente nuevo, conocido en Francia en su forma actual desde 1905, y todavía no del todo bien entendido fuera de este país. Incluso la palabra se usa a menudo en su versión francesa, pues en muchos idiomas no es posible una traducción literal. Será útil por consiguiente, en lugar de intentar dar una definición precisa, perfilar y explicar el origen, el presente y las implicaciones futuras de este concepto.

     El Laicismo, tiene dos fundamentos: uno ético (la libertad absoluta de conciencia moral), el otro legal (la separación de Iglesia y Estado). Establece la diferencia entre dos mundos distintos: el interés general y la convicción individual.

     El Laicismo representa una de las bases fundamentales en una sociedad democrática. Implica que todos los hombres se reconocen, sin distinción de clase, origen o denominación, los medios para el desarrollo de su propia personalidad, la libertad de opción, la responsabilidad para su propia madurez y la propiedad de su destino.


La Filosofía Laica

     El ideal del laicismo es un ideal humanista que confía en el principio de la libertad absoluta de conciencia; persigue la liberación con respecto a todos los dogmas; el derecho de creer o no creer en Dios; la autonomía de pensamiento acerca de lo religioso, lo político y la emancipación de estilos de vida respecto a los tabús, las ideas y las reglas dogmáticas.

     El laicismo busca liberar a los hombres de todo lo que aliena o adultera sus mentes: creencias atávicas, prejuicios, ideas preconcebidas, dogmas, ideologías opresivas y presión cultural, económica, social, política o religiosa. El laicismo pretende desarrollar en la naturaleza humana, dentro del armazón de un progreso intelectual permanente y una formación moral y cívica, una mentalidad crítica junto con un sentimiento de solidaridad y hermandad.

     La libertad de expresión es el corolario que completa la libertad de conciencia. Es el derecho, y la posibilidad material de hablar, escribir y difundir los pensamientos colectivos o individuales. Con el desarrollo de las nuevas técnicas de comunicación este requisito es aun más vital. Precisamente, en este campo, deben vigilarse muy especialmente, las posibilidades de manipulación con que cuentan los grandes y poderosos medios comunicativos.

     La ética que propugna el laicismo es simple. Está basada en el principio de la tolerancia mutua y el respeto a los otros, así como a uno mismo. Bueno es todo aquello que libera, todo lo que emancipa; malo todo lo que esclaviza y degrada. El laicismo "defiende en este contexto que, para dotar a los hombres de los medios que le permitan adquirir una lucidez completa con la que fundar la responsabilidad de sus actos, es esencial la construcción de una armonía social y el refuerzo del interés público. Tiende por ello a procurar, más allá de las ideologías o diferencias de nacionalidad, una sociedad humana favorable al esclarecimiento de todos, una sociedad en la que toda explotación del hombre por el hombre, todo espíritu fanático, odio o testimonio de violencia quede excluido.

     Evidentemente, la tolerancia es una consecuencia lógica de los valores anteriores. Aun así la tolerancia no tiene ningún sentido si no es mutua, y siempre tendrá su límite en la intolerancia, el racismo, y el totalitarismo que alguien pretenda imponer a los demás.

     Aun cuando la separación se presente como una necesidad vital para su desarrollo, ningún principio de discriminación positiva puede llevar a la liberación de cualquier grupo. La única manera para lograr el desarrollo social es la integración - que no la asimilación - de todos aquellos que participan en una comunidad de ciudadanos libres con los mismos derechos y los mismos deberes. Sólo son aceptables aquellos grupos sociales que se forman como consecuencia natural de la libertad de elección y la imparcialidad.

     El "laicismo" supone un código moral que lleva necesariamente a una justicia social: el derecho a la igualdad de oportunidades. La educación pública aconfesional y gratuita y el derecho a la información e imparcialidad son las condiciones de esta igualdad.


La práctica del laicismo en un estado cívico y social

     Por encima de sus principios, el laicismo es una forma de entender la vida que tiene su aplicación en todos los aspectos de la sociedad. Su concepción de un estado cívico, jurídico e institucional se basa en una distinción clara, en lo que a cada ciudadano se refiere, entre una esfera pública y una esfera privada.

     La esfera privada, personal, tiene que ver con la libertad absoluta de conciencia dónde se expresan las convicciones filosóficas y metafísicas, creencias, practicas religiosas y estilos de vida. La esfera pública, colectiva, es dónde el ciudadano se desenvuelve social, económica, política y jurídicamente.

     En este sentido, las reglas de comportamiento se basan en los derechos humanos y se definen claramente: ningún grupo, partido político, secta o iglesia, puede exigir un funcionamiento de los medios públicos que privilegie sus intereses particulares. Por eso, la separación de la Iglesia del Estado es la piedra angular de laicismo "social". Este principio no admite ni excepción ni modulación ni ajuste. Es la condición necesaria para su existencia. Es la única manera de permitir a todos creer o no al tiempo que libera también a las iglesias de una relación de dependencia oficial con el estado.

     Todo lo que se ha dicho hasta ahora, no significa que el estado deba negar todas las adhesiones a cualquier forma de colectivo. De hecho ellos existen y son respetables siempre que no cuestionen los principios de libertad individual, dignidad humana e igualdad.


El futuro — Los nuevos campos de aplicación

     En un mundo caracterizado por la ruptura más profunda con las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales que hemos conocido durante siglos, el laicismo aparece como la contestación a una pregunta fundamental: ¿qué puede hacerse para remediar la incertidumbre, la angustia, la indiferencia, el abandono de todo sentido de responsabilidad, la violencia.

     En una sociedad multicultural, los principios del laicismo pueden enseñar a los individuos a cooperar, encontrar una cierta comprensión y armonía entre sus diferencias. Ya hemos descrito los peligros a que avocan los separatismos exclusivistas. Diariamente podemos ver como el nacionalismo está creciendo de nuevo en Europa, alimentado por el odio racial y religioso.

     Hay todavía mucho por hacer, incluso en Europa donde los países que tienen sistemas políticos y jurídicos que se acerquen a las prácticas verdaderamente laicistas o que parezcan evolucionar en esta dirección son raros. Las prácticas estatales, influenciadas por una tradición religiosa, dominan todavía grandemente.

     El ejercicio de los derechos públicos más frecuentes, se encuentra a menudo con problemas relacionados con las prácticas religiosas (por ejemplo el caso de llevar del velo islámico en la escuela pública). Esto obliga a la República a establecer medidas particulares dirigidas a los practicantes de las distintas religiones. Sin embargo, la vida de la sociedad no puede resolverse mediante la adopción de una serie de jurisprudencias acerca de las prácticas y relaciones entre comunidades diferentes.

     Por su parte, el progreso científico debe librarse de toda la influencia de los grupos de presión. El interés general y el respeto humano deben ser los únicos límites para este progreso.

     La laicidad de las opciones particulares de la vida (el amor, la sexualidad, la muerte, la enfermedad) no está acabada. La libertad de escoger el estilo particular de vida, las formas de relación de pareja y familiares, las garantías fundamentales para el ejercicio de la libertad en este contexto, los derechos de los niños, son los campos en los que hay que promover el laicismo como garante de una libertad física y espiritual.

     Finalmente, la cultura y la creación artística, y también la información y la comunicación participan del desarrollo del conocimiento que ejercen las escuelas. Es por ello necesario asegurar que ningún tabú religioso o dogmático y también económico o ideológico impuesto por grupos de presión pueda imponer la limitación más ligera a libertad.

     Como conclusión, el laicismo no es una idea anticuada, es al contrario una idea progresista que tiene muchos campos de acción por abrir ante él.

     El laicismo es una noción fundada en los principios del humanismo construidos a través del tiempo. Es una concepción fuertemente establecida en el valor de la libertad individual. Es el garante más fuerte de la paz civil. Implica una moral personal y una ética social. Es un ideal que requiere tanto de la acción como de la resistencia; acción para avanzar decididamente en el proceso emancipador de la humanidad, resistencia para evitar la tendencia a la indiferencia, al confort de ceder ante las imposiciones.


Recensión del documento  del Gran Oriente de Francia (GOF)  —  2011 (e.v.)

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