282 EL CUARTO DE REFLEXIÓN —
En la penumbra es donde inicia el recorrido interno del masón, ya que los temores más profundos emergen en el transcurso de la ceremonia de iniciación. Cada individuo, al enfrentarse a su vulnerabilidad, comienza a vislumbrar aquello que reside en su interior de acuerdo a su valentía y entendimiento.
Iniciar este proceso implica superar el temor a lo desconocido, aceptar con modestia la ignorancia y despojarse de los prejuicios. En estas circunstancias, la conciencia busca de manera libre transformar lo inferior en algo superior. No es coincidencia que nuestro primer paso como neófitos sea precisamente nuestra entrada a la sombría bóveda que en Masonería identificamos como Cámara de Reflexión (nunca Cámara de Reflexiones).
Para entender el significado de la Cámara de Reflexión, es fundamental primero asimilar los conceptos de cámara y reflexión, de modo que puedan ser analizados, razonados y aplicados en la formación masónica del aprendiz. El término cámara alude al salón o la sala principal de una residencia o también a un conjunto de personas reunidas para discutir un determinado tema. Además, puede referirse a un sepulcro o bóveda funeraria. La reflexión se entiende en el sentido que le otorga John Locke, como “aquellas percepciones que el espíritu obtiene de sus propias acciones y la forma en que las realiza, lo cual le permite adquirir ideas sobre estas acciones en su entendimiento”.
Desde la perspectiva masónica, la Cámara de Reflexión se interpreta como el espacio en el cual se confina al neófito antes de su iniciación, para que medite sobre varios símbolos. En este lugar, también debe redactar su "testamento filosófico".
Al principio, desde el instante en que le cubren los ojos, se coloca al neófito frente a su propia debilidad, obligándolo a reflexionar sobre sus propias sombras, la existencia y la muerte. Es en este entorno donde la acción comienza a alterar la vida del neófito, quien finalmente se convertirá en Aprendiz masón. Esta crisis se complementa con las inscripciones en las paredes, cuyo propósito es elevar las energías y fomentar la voluntad del neófito, tales como:
- — “Conócete a ti mismo”.
- — “Si te trae aquí la mera curiosidad, vete”.
- — “Si rindes homenaje a las prerrogativas humanas, vete, porque aquí no se las conoce”.
- — “Si temes que alguien te eche en cara tus defectos, no prosigas”.
- — “Espera y cree. Porque entrever y comprender el infinito es caminar hacia la perfección”.
- — “Ama a los buenos, compadécete de los malos y ayúdalos, huye de los embusteros y no oigas a nadie”.
- — “El hombre perfecto es aquel que más útil es a sus hermanos”.
- — “No juzgues livianamente las acciones de los hombres, elogia poco, adula menos. Jamás censures ni critiques”.
- — “Lee y aprovecha, mira e imita, reflexiona y trabaja, trata de ser útil a tus hermanos y trabajarás para ti mismo”.
- — “Piensa siempre que polvo eres y en polvo te convertirás”.
- — “Naciste para morir”.
De todas las inscripciones presentes en las paredes, se debe enfatizar la abreviatura V. I. T. R. I. O. L. (Visita Interiora Terrae et Rectificando Invenies Occultus Lapidem), que se traduce como: "Visita el interior de la Tierra y, al rectificar, encontrarás la piedra oculta" (puesto que "escondida" es absconditus). Así, se resume el contenido potencial de todos los símbolos que se encuentran en la Cámara de Reflexión.
La Cámara de Reflexión es fascinante y mágica, provocando en nosotros la sensación de emprender un viaje al más profundo de nuestro ser, similar a una travesía hacia el núcleo de la Tierra. En este recorrido, se presentan numerosos elementos que inicialmente parecen poco creíbles; resulta ilógico que estén allí. No obstante, con el progreso de la iniciación y en nuestra vida posterior como masones, se nos desvelan los ojos, comenzamos a ver con nueva claridad y comprendemos el profundo significado de lo que se nos mostró. La masonería lo considera un elemento de introspección, donde el aspirante, de forma simbólica, muere a la vida material con el propósito de ascender a la espiritualidad, pudiendo afirmar con certeza que la muerte no es un final.
Este espacio cuenta con una decoración austera; no hay más muebles que una silla y una mesa con algunos objetos limitados.
Dentro de la Cámara de Reflexión, se encuentran: una calavera, agua, pan, azufre, mercurio, sal y carbón o ceniza. El significado de cada uno de estos elementos posee un profundo valor simbólico.
De toda esta simbología, es fundamental entender lo siguiente:
• El color de las paredes: es negro, creando un ambiente sombrío que simboliza la condición actual de conciencia del neófito, tras la iniciación.
• Los huesos humanos y las piedras: representan el caos en el que hemos vivido hasta ese momento, tanto en lo material como en lo espiritual, y que precede al orden que intentamos establecer a partir de nuestra Iniciación masónica.
• El cráneo humano: simboliza la igualdad que la naturaleza otorga a todos los seres vivos, y debe motivar al neófito a reflexionar sobre la imperiosa necesidad de actuar de acuerdo con principios y valores de solidaridad hacia los más necesitados, de tolerancia y respeto hacia quienes no comparten sus ideas o conceptos, así como de justicia y verdad hacia todos sus semejantes.
• El reloj de arena: representa el flujo incesante del tiempo y la breve duración de la vida del cuerpo físico, así como la necesidad de utilizar este breve destello de nuestra existencia material para edificar nuestro templo interior, luchando contra nuestras pasiones y realizando cuantas buenas acciones y servicios a los demás nos sea posible. También sugiere el retorno al origen, lo vacío y lo pleno, lo inferior y lo superior, el Cielo y la Tierra, lo de arriba y lo de abajo.
• El gallo: simboliza el despertar interior del ser humano, el triunfo de la luz sobre la oscuridad, además de señalar la necesidad de la vigilancia que debemos mantener sobre nuestros actos, sin permitir que nada nos desvíe del camino de la Verdad, la Justicia y el Honor.
• El alimento y el líquido: Así como estos elementos sustentan al cuerpo, los pensamientos limpios y elevados alimentan al espíritu. Además, se alude al espíritu de abnegación y servicio que siempre debe estar listo para ofrecer el Iniciado, indicando que así como el alimento alivia la necesidad material, él está dispuesto a consolar, auxiliar y servir al que lo requiere; y el líquido, que representa la esencia vital de la existencia humana, sacia la sed, se utiliza en el riego de los cultivos y en la producción industrial.
• El azufre: Simboliza la energía o acción espiritual creadora que emana del ser interior, es la esencia o chispa divina que reside en cada persona y que busca elevarlo hacia su Creador.
• El mercurio: Representa toda influencia material o sensorial que, procedente del entorno externo, intenta infiltrarse en el ser interior del individuo.
• La sal: Compuesta por cristales, simboliza el equilibrio entre los principios internos y la influencia de las sensaciones externas, representando la armonía de los elementos previos que el neófito debe alcanzar antes de ser iniciado, logrando estabilizar su ser interno y preparándose así para recibir la LUZ.
• La ceniza: Este elemento simboliza la necesidad de aumentar la producción, dado que es el resultado de la acción del fuego sobre las materias primas, que posteriormente se transformarán en bienes de consumo.
• La lámpara sepulcral: Su tenue luz representa la existencia del ser humano, lo que indica la necesidad de Solidaridad y Fraternidad, así como del esfuerzo colectivo que transforma la vida y eleva al individuo a la condición de ser social.
• El ataúd y el esqueleto humano: Representan el estado de descomposición moral al que llega el ser que carece de un guía que lo dirija por el camino de la Virtud, el Amor y el Servicio a la humanidad, aspiraciones que deben ser el objetivo de todo masón.
• La Cámara de Reflexión simboliza el descenso a los infiernos, la muerte aparente que anticipa la reencarnación y el reencontrarse con una nueva existencia. En este espacio, realizamos nuestras primeras reflexiones antes de ver la luz. Reflexionamos sobre los “Deberes del Hombre hacia Dios. . . hacia sus semejantes. . . y hacia sí mismo”. Miramos hacia Dios y hacia nosotros mismos.
Esta nueva existencia que comenzamos tras este proceso nos llama al perfeccionamiento; dado que hemos tenido la oportunidad de renacer, poseemos la capacidad de aprender a observar y descifrar los símbolos que la vida nos proporciona.
AUTOR: Desconocido — 2008 (e. v.)
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